In English | Tan rápido. Tan difícil. Tan terriblemente inesperado.
Un largo fin de semana en Phoenix para escaparme de la locura de la Investidura Presidencial y pasar un rato con mis padres se convirtió en vigilia de los últimos días de vida de mi papá.
Mientras Barack Obama juraba como presidente, convirtiéndose así en el primer presidente afronorteamericano, yo también hice un juramento: el mío fue cuidar a papá.
Rodeados de camas hospitalarias y pacientes, mi hermano Len y yo enfocamos la mirada en el televisor montado en la pared donde Obama, vestido con traje negro, apoyaba su mano sobre la Biblia. Pero, en realidad, nuestros temerosos corazones se concentraban en nuestro padre —vestido en toga celeste—, que en ese momento se sometía a una biopsia de hígado. Más tarde, mientras lentamente pasaba el nebuloso efecto de su anestesia, nos quedamos sentados al lado de nuestro padre, acariciamos su rostro y rezamos.
… Regrese
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