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Fragmentos de 'Bittersweet Season'

Los desafíos de cuidar a una madre

La autora relata la tensión y el aislamiento que vivió cuando cuidaba de su madre anciana.

In English | En un lapso de tres años, entre el 2000 y el 2003, la feroz independencia de mi madre dio paso a una total dependencia en sus dos hijos adultos. Dolores y achaques comunes y corrientes se convirtieron en graves problemas de salud. Ya no bastaba con prestarle un poco de atención y se hizo imposible manejar sus necesidades desde lejos.

Vea también: Centro de recursos para prestadores de cuidado.

Los desafíos de cuidar a una madre - Mujer mayor apretando las manos de su hija.

Apóyese en sus amigos y familiares para cuidar de adultos mayores y de Ud. mismo. — Foto: Cultura/Getty Images

Había llegado el momento de la "migración a la inversa" de mi madre, se mudó de una comunidad para jubilados en la Florida, más tarde a otra en Nueva York y —muy pronto— a un hogar para el cuidado de adultos mayores con discapacidades. Al final de su vida, a los 88 años, estaba paralizada, incontinente, no podía hablar, perdía poco a poco la capacidad de tragar y lo que más deseaba era una forma digna de morir.

Esa es la versión escueta de esta historia. No habla del pánico que sentí al comprender que ella estaba a mi cargo y el shock que experimentamos mi hermano Michael y yo cuando nuestra capacidad y nuestros recursos resultaron prácticamente inútiles ante la incoherente e inadecuada red de seguridad, que existe en Estados Unidos para las personas mayores incapacitadas.

Nos sacudió la forma en que la situación nos consumía el tiempo, la energía y la cuenta de banco, cómo trastornaba nuestra vida profesional y personal, el temor a que nuestro tiempo en este universo paralelo nunca terminaría y la culpabilidad por desear que pasara de una vez. Puedo decir ahora que valió la pena cada minuto por terrible que fuera, porque fue una experiencia transformadora. Pero en aquel momento vivíamos siempre el presente y todo lo que podíamos hacer era sobrevivir un día a la vez.

Mi hermano y yo nacimos cuando nuestros padres eran ya mayores, así que llegamos a este momento de sus vidas, antes que nuestros amigos y colegas, quienes, carentes de experiencia, nos telegrafiaban la convicción, —penosa para nosotros—, que exagerábamos lo terrible de nuestra situación. Rara vez lo decían en voz alta, pero en el silencio entre las frases oía su juicio: esto no puede ser tan difícil como lo pintas. La gente mayor se enferma y muere constantemente. No es tu hijo, o tu esposo o tú. Es inevitable.

Fue un período de mucha soledad. Estaba demasiado cansada y muy triste para conversaciones con amigos, apropiadas socialmente. En los cocteles, ahuyentaba a todo el mundo con historias tristes, que nadie quería oír y pronto se me hizo más fácil quedarme en casa. Mi hermano, afortunadamente, parecía desenvolverse mejor entre esos mundos tan distintos en que nos encontrábamos.

En el trabajo, intentaba mantenerme al día a la vez que lidiaba con las incesantes llamadas de mi madre, buscaba a los médicos, llenaba recetas, contrataba ayudantes geriátricas, discutía con mi hermano, contenía las lágrimas y salía corriendo de la sala de redacción para atender emergencias. Si hubiera sido madre, quizás hubiera estado igualmente estresada, pero parte de mis energías se hubieran centrado en el brillante porvenir de mi hijo. Las personas mayores pueden tener días buenos, y me correspondía maximizarlos para mi madre, pero ya no existía un brillante porvenir.

Fantaseaba, casi siempre en ese estado hipnagógico entre el sueño y el despertar durante aquellos días de ignorancia y agotamiento, con apuntar el carro al oeste y manejar hasta el infinito. Me alegro que no lo hice, porque en cambio descubrí lo que estaba hecha y encontré lo mejor de mí. Descubrí a mi madre. Descubrí a mi hermano. Pero todo eso vino después.

Pasajes tomados de A Bittersweet Season de Jane Gross. Copyright © 2011 Jane Gross. Pasajes reproducidos con permiso de Knopf, división de Random House, Inc. Todos los derechos reservados. Se prohibe reproducir o reimprimir parte alguna de estos pasajes sin obtener permiso por escrito del editor. Lea una entrevista con Jane Gross.

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