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En el proceso de cuidar a otros, una hija aprende mucho sobre sí misma.

Ahora es mi turno

Una semana en el hospital y muchos antibióticos me curaron de la neumonía. Pero, el resto iba a necesitar algún tiempo más. La psicoterapia me ayudó a manejar mi inseguridad y mi dolor como hija olvidada. Pero, mi cuerpo me había dado señales claras que había pasado por alto porque pensé que al convertirme en prestadora de cuidados, todo el resto de las cosas que me definían como persona ya no existían. Pero, mientras mis padres se quedaban con mis hermanos, y me restablecí, empecé a pensar que tal vez no estaba hecha para ser prestadora de cuidados. Porque tenía muchas dificultades siendo solamente la hija en todo esto. Superar el hecho de que mi madre me había olvidado era algo que iba a necesitar tiempo. Todos me decían “sabías que eso iba a pasar algún día”, lo que es verdad, pero saberlo no lo prepara para ello. Nada nos prepara para ese golpe.

Mis padres decidieron quedarse con mis hermanos. Era la ciudad en la que mi madre se sentía más a gusto. Sabía que mi gran ciudad ofrecía mejores médicos, pero eso no servía para darles el paisaje de lo conocido, que iba más allá de algunas fotografías o muebles. En esa ciudad pequeña era donde habían vivido 35 años y también donde querían pasar sus últimos años.

Me comunico con ellos por teléfono y los visito con frecuencia. Algunas veces, como anoche, llamo a mis padres y contengo la respiración, esperando oír la voz de mi madre. Me pregunto si sabrá quién soy. Digo hola, esperando el veredicto, buscando en sus palabras y el tono de su voz, el reconocimiento que ansío. “¿Sabes quién es?”

“Claro que lo sé, es mi niña”. Parece castigarme por atreverme a pensar que no recordaría quién soy. Hay una sensación dulce y amarga a la vez al saber que no tiene idea de su enfermedad. Me tranquilizo al oír las palabras que me indican que está pasando un buen día. Cuando soy su “niña”, me derrito, queriendo llorar y abrazarla y sollozar de alegría porque sé que me reconoce. Pero sólo digo “Claro que lo soy”. Y siempre lo seré, porque lo sé. Y eso me basta.

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