Árbol genealógico
“Armar un árbol genealógico exige organización y persistencia”, dice Mimi Lozano, genealogista de San Antonio, de 74 años de edad. Pese a ello, con tiempo, cualquiera puede hacerlo, según la fundadora y editora de Somos Primos, una publicación en línea que ofrece eventos e información relacionados con el legado hispano, con una perspectiva global histórica y multiétnica.
Documentos tales como registros de censos del gobierno, testamentos, papeles relacionados con trámites de naturalización, actas o certificados de bautismo y de matrimonio son claves para conocer el pasado de la familia, según Lozano. Esta documentación, parte de ella hasta del siglo XVI, puede encontrarse en Estados Unidos, como así también en el país de origen de su familia, en iglesias, bibliotecas, a través de asociaciones genealógicas e históricas, y en sitios web dedicados a la genealogía.
Pero ¿cómo empezar?
Retrocediendo en el tiempo, dice Lozano, cuya familia es originaria de México. Primero, averigüe acerca de sus padres; luego, siga hacia atrás, hasta los casamientos de sus abuelos, bisabuelos, lo más atrás que pueda. Lozano señala que para los investigadores de ascendencias españolas es más sencillo, porque las mujeres mantienen sus apellidos de soltera durante el matrimonio.
Para asegurarse de estar rastreando a sus ancestros con precisión, compare la información en diferentes documentos.
“Si un García se casó con una Rodríguez —dice Lozano—, mire las partidas de nacimiento de sus hijos y verifique que las fechas sean coherentes con aquella en la que celebraron la boda”. Particularmente útil: “Busque documentos primordiales que puedan tener sus parientes”, expresa, refiriéndose a los correspondientes a determinados eventos (como, por ejemplo, casamientos y bautismos) y que se encuentran firmados por un funcionario o agente oficial y/o del que fue testigo en aquella ocasión.
“Para empezar su búsqueda, póngase en contacto con sus familiares. Si su familia es de Perú, vea si todavía hay miembros de la familia viviendo allí, y póngase en contacto con ellos —sugiere Lozano—. Empiece con lo que sabe/conoce y tiene en forma de registros, documentos, cartas, fotos, historias contadas o leyendas familiares. Todos ellos proveerán alguna pista, permitiendo ir de lo conocido a lo desconocido.
Otra opción es encontrar a un historiador de su ciudad de origen o un genealogista profesional que pueda ayudarlo a hallar los documentos que necesite o suministrarle información sobre sus parientes. Los genealogistas independientes cobran entre 20 y 70 dólares por hora.
Y, con cada vez más información en línea, no vaya a pasar por alto internet. “Si investiga su apellido en línea, puede que se encuentre con grupos o parientes muy lejanos que también estén buscando un vínculo con el pasado —comenta Lozano—. Escriba el apellido que le interesa y espere una maravillosa sorpresa, pues su búsqueda habrá comenzado.”
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