Notas simples, escritas a mano
El proceso también alivió el peso de los muchos problemas de Kralik. "Después de media hora de estar escribiendo notas de agradecimiento, la oscuridad en que estaba sumergido a causa de mi miedo, disgusto y autocompasión comenzó a disiparse", dice él.
Pronto, cuando alguien le preguntaba cómo estaba, ya no se quejaba, sino que mencionaba algo por lo que estaba agradecido. Pasaron los meses y su vida comenzó a cambiar. El personal de su oficina, a quienes presionaba pero agradecía siempre, no lo abandonó y comenzaron a enviarse notas de agradecimiento entre ellos. Incluso, los clientes a quien él había dado las gracias por pagar sus cuentas puntualmente, a veces enviaban sus cheques antes de tiempo.
Más de tres años después, Kralik, ahora juez en el tribunal superior de Los Ángeles, todavía escribe notas de agradecimiento, pero no al mismo ritmo. A enero del 2011, ya había enviado cerca de 650 notas.
Las reglas de Kralik para dar las gracias son simples: siempre escriba un borrador, escriba de corazón, y escriba notas, no cartas, en tarjetas de 3 pulgadas por 5 pulgadas. De esta manera, explica en su libro, “solo hay espacio para enfocarse en una buena acción que esa persona ha hecho por usted, y en su gratitud por dicha acción. Por ese momento especial, y para esa comunicación especial, todo lo demás se deja de lado”. Él no descarta los agradecimientos por correo electrónico, pero dice que estos corren el riesgo de perderse entre tanto mensaje electrónico.
Ocasionalmente, Kralik se toma un descanso en su gestión de enviar notas de agradecimiento, pero dice que si lo detiene por mucho tiempo, se torna impaciente de nuevo. Cuando retoma su rutina, finalmente se siente mejor.
"Mientras más escribes, más cosas buenas te suceden” afirma él.
Frank McCoy es escritor y reside en Catonsville, Maryland.
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