“¡Pues lo puse en su lugar! Yo sé que Ernesto me quiere y no quiere romper nuestro hogar y nuestra familia. Por eso lo confronté, aunque me tuve que contener para no gritar o darle un par de bofetadas”, me contestó con calma. “Y le pregunté muy directamente si quería seguir, o no, casado conmigo. Y cuando se quedó sorprendido de mi pregunta y me dijo que sí, ¿que a qué venía esa pregunta? Pues le dije bien claro que tenía que cortar 100% esas burlas, esos chistecitos crueles, y que la próxima vez que se envalentonara delante de los amigos —y me usara como sujeto de críticas y comentarios desagradables— ¡no lo iba a tolerar y lo dejaría al instante!”
“Nunca he sido una mujer de carácter fuerte, pero lo que tú me dijiste me dio tanta vergüenza, de que mis amigos notaran su manera de ser hacia mí en público, que eso me llenó de valor. Después, hasta mis hermanas me aplaudieron y comentaron lo mismo que tu”.
“¿Y qué ha ocurrido?”, le pregunté fascinada por su valentía.
“¡Pues no sabes cómo ha cambiado!” me dijo, aun un poco sorprendida. “Se dio cuenta, hablamos en realidad mucho. No perdí mi fuerza; y creo que entendió que yo no estaba jugando. Y cuando noto que se olvida y va a hacer un chiste a mi costa, le digo delante de quien sea, ‘Ernesto mi amor…recuerda…’ y comprende que mis intenciones van en serio”.
Una vez más quedé encantada y recordé aquello de que ‘hablando se arreglan las cosas’.
Les comento esto —¡en estos 15 minutos de conversación que ya saben cómo me gustan!— porque el caso de Mercedes es muy común. Es un tipo de ‘maltrato light’ quizás, pero maltrato sea como sea ¡y algo inaceptable! Lo más positivo de todo es que muchas veces los hombres que lo hacen —¡aunque hay mujeres que también lo practican!— quieren de verdad a sus parejas y realmente no las quieren herir. Sin embargo, por inseguridad o por pequeños resentimientos y cosas sin resolver en la pareja, usan esa forma de expresarse hacia ellas.
El lado positivo es que estos casos pueden resolverse hablando, y lo que hizo mi amiga fue lo ideal. Pero si el maltrato continúa, es necesaria la ayuda urgente de un consejero matrimonial o de un grupo de terapia de parejas, que muchas veces existen incluso en centros comunitarios y no cuestan nada.








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