Tal vez por cuestiones como esta muchas parejas lo piensan dos veces antes de ponerse un anillo y lanzarse a decir el “sí, quiero”.
Octavio Pescador, catedrático en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), recuerda que “a pesar de que no haya un vínculo matrimonial legal en la pareja, hay derechos y obligaciones que se van desarrollando con la duración de la relación”.
Pero más allá de la economía y los divorcios, ¿qué ha hecho cambiar la modalidad con que se rige la convivencia? Desde la misma Iglesia católica se reconoce que han descendido el número de bodas celebradas y se pone el dedo en el liberalismo como una de las razones que sustentan la baja de matrimonios.
“Las parejas han entrado en una etapa en la que se piensa que todo es lo mismo, que todo se permite y se acepta, y que cada quien hace lo que piensa sin ver más allá”, apunta Juan Pérez, uno de los coordinadores en California del Encuentro Mundial del Matrimonio. “Como padres hemos dejado de enseñarles la importancia del sacramento por apegarnos en las cosas materiales. Ni siquiera ahora sabemos con quién están nuestros hijos y se les motiva a iniciarse en la sexualidad ofreciéndoles preservativos con el mensaje de hazlo, al cabo te cuidas”.
Para el padre Luke Mata, sacerdote del Opus Dei, la rama más conservadora de la Iglesia católica, se ha fallado en ofrecer la suficiente catequesis a los jóvenes, pero también reconoce que cada vez tienen un mayor “miedo al compromiso y miedo a perder la libertad”.
“Con el matrimonio pueden verse atados para siempre y eso no es entender bien el concepto de libertad”, señaló. “La gente va con una idea equivocada del matrimonio”.
“Antes, vivir juntos sin estar casados era como una violación social. El laicismo que imperó en el Siglo XIX en los países que se modernizan genera las condiciones para que hoy las instituciones civiles transformen la noción de matrimonio, sin olvidar que por el contrario hay un grupo importante de personas, los homosexuales, que están precisamente queriéndose casar para tener más derechos”, indicó Pescador.
De los 6.2 millones de parejas que en 2008 vivían juntas sin estar casadas, más de 565 mil eran del mismo sexo, según datos del Censo de Estados Unidos.
“A medida que la hegemonía cultural que tenía la Iglesia en la sociedad a través de las parroquias va cayendo con la urbanización y la marcha de las personas a las grandes ciudades, las personas han ido siendo más liberales en esas grandes urbes”, según Pescador.
Los mismos expertos no dudan en señalar que probablemente hemos entrado en una era donde “ha cambiado el sentido que se le da a la familia”, pudiendo constituirse una como tal “sin que el matrimonio tenga que ser el eje central para que se forme”.
En algunos casos, recordó Loew, “la pareja vive junta porque se han dado las circunstancias, pero sin estar enamorados inicialmente, y de esa convivencia surge la relación incluso llegando a tener hijos”.
Y es que tanto ha crecido en los Últimos años la cifra de personas que deciden no casarse que desde la década de los 80 se celebra a finales de septiembre la semana de la soltería para reconocer las contribuciones a la sociedad de quienes no están casados.
Hasta el dicho “te vas a quedar para vestir santos” parece haber quedado anclado en el pasado. Si antes uno no se casaba era porque, en la mayoría de los casos, no encontraba la pareja adecuada. En 2009, por cada 100 mujeres solteras había 88 hombres que no tenían ningún compromiso. Cuando menos queda claro que quienes no se casan no es por falta de oportunidades.
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