In English | Cuando un matrimonio de muchos años se disuelve, todo el mundo queda perplejo. ¿Qué hace que personas que llevan 30, 40 o 50 años de casadas se separen? ¿No habían descartado esa opción después de vivir juntos tantas décadas? ¿Y cómo es posible que hayan sido tan felices tanto tiempo y que entonces su relación se estropeara justo cuando vivían sus años dorados juntos?
Hay muchas razones por las que un matrimonio de muchos años podría acabar disolviéndose. Algunas relaciones están en declive durante décadas hasta que al fin se extinguen. Un matrimonio no tiene desacuerdos de manera repentina. En realidad le pasa lo mismo que a un globo cuando poco a poco pierde aire. Después de un tiempo, se desinfla completamente.
Otra posibilidad es que los problemas de la pareja se hayan intensificado. La mayoría de los conflictos se pueden manejar, hasta que algo hace que se disparen. Podría ser un cambio en el trabajo, la salud, la vida de los hijos, las ambiciones personales o un sinnúmero de otros precipitantes. El equilibrio que se había logrado se pierde, y con él la capacidad de manejar el problema y conservar un matrimonio aceptable.
Desde luego, todos hemos oído la explicación: “Nos fuimos distanciando”. Pero el que esto sea un cliché no significa que no sea una causa frecuente del divorcio o la separación entre matrimonios de muchos años. Un cuadro típico se da cuando el marido y la mujer llevan vidas cada vez más distintas: él se vuelca más y más en su trabajo y ella se dedica más y más a los hijos, aunque sean adultos, o a los nietos. O ella se vuelve ambiciosa mientras que él lo que quiere es descansar, disminuir el nivel de actividad, viajar, jugar al golf y cosas por el estilo.
¿Abre esto las puertas a una aventura extramatrimonial? A veces. Pero la última encuesta de AARP sobre sexo, romance y relaciones de las personas de 45 años y mayores (AARP 2009 Sex, Romance and Relationships Survey) indica que las relaciones sexuales fuera del matrimonio solo ocurre en un número relativamente pequeño, y aunque que la infidelidad es definitivamente el precipitante de la disolución de algunos matrimonios longevos, no es el motivo de la mayoría.
Desde luego, algunas parejas tienen la capacidad de superar diversos problemas matrimoniales y para ellas estos no son más que baches en el camino. Para otras, sin embargo, los retos se convierten en un enorme socavón del que no creen poder salirse. Con tristeza, y a menudo con mutuo afecto, la pareja dice “esto se terminó”.
Y es cierto que hoy en día más y más parejas lo están diciendo. ¿Por qué?
La respuesta es la longevidad. Vivimos mucho más. Hace medio siglo, cónyuges de sesenta y tantos años de edad quizás no se hubieran divorciado, a pesar de sentirse desdichados, porque pensaban que no valía la pena si solo les quedaban unos años de vida. En la actualidad, personas de 65 años pueden fácilmente esperar al menos 20 años más de vida activa y no quieren pasarlos sin amor o llenos de frustraciones o desencanto.








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