No sé qué dije cuando hablé en el funeral de Jack. No había escrito nada. Sólo me había estado preparando para esto durante 50 años.
Cuando el servicio terminó, caminé por el pasillo, detrás del ataúd. Quería hablar con él acerca de lo que había pasado; quería decirle: “Jack, nosotros pensábamos que lo habíamos visto todo, pero no vas a creer esto. ¿Sabes dónde estuvimos hoy? Puedes intentarlo las veces que quieras, pero nunca lo vas a adivinar, ni en un millón de años”.
A cuatro filas del fondo, sentada en el pasillo, había una mujer de unos setenta años.
Cuando Jack pasó a su lado y, luego, cuando lo hice yo, sentí que estiraba su mano hacia mí.
La miré mientras caminaba.
Era la señorita Barbara.
Le di la mano y ella me la apretó, y entonces ya estábamos afuera y, otra vez, quise contarle: Adivina quién estaba aquí, Jack. Sé que puedes hacerlo... piénsalo bien. Adivina quién vino a verte hoy.
Quería contarle todo.
Extracto del libro And You Know You Should Be Glad: A True Story of Lifelong Friendship por Bob Greene, publicado por William Morrow. Copyright © 2006 John Deadline Enterprises, Inc.
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