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Historia familiar

Resolviendo misterios de familia a través de la genealogía

Una búsqueda para autenticar las tradiciones orales.

Son difíciles de leer, los documentos están escritos en catalán y son cientos de páginas que cubren dos siglos, están escritos a mano con letra antigua y están tan borrosos que muchas páginas enteras son ilegibles. No pude encontrar la información de los dos matrimonios del directorio en línea, pero sí encontré un testamento de 1720 de una persona de Castanyet llamada Joseph Surós. Copié el archivo y se lo envié a Martí, que me devolvió la traducción:
“Yo, Joseph Surós… sabiendo que nada es más cierto que la muerte y que nada es más incierto que la hora de la muerte… nombro a mi hijo Salvador como albacea de mis bienes”.

¿Serán mis familiares? No hay indicios de los apellidos maternos, la costumbre no se practicó universalmente hasta tiempo después. Martí, tampoco podía decir si eran sus familiares. Por ahora, el misterio se mantiene.

La Beneficencia
Mientras que las distintas ramas de la familia de mi madre se juntaban en Manzanillo, la familia de mi padre hacía lo mismo en Cárdenas, 320 millas al oeste, en la costa norte de Cuba.

La madre de mi padre fue Rafaelita Rodríguez. De mis cuatro abuelos, es a la que menos recuerdo. Solamente recuerdo a una mujer mayor postrada en cama con una dolencia similar al Alzheimer. Mi abuelita asentía con la cabeza sin ningún propósito y murmuraba cosas sin sentido, fuera de sí. Mi abuelo Ramón cuidó de ella hasta el final. Mi Papi los dejó cuando nos sacó de Cuba, para nunca más ver a sus afligidos padres otra vez. Este fue un precio que pagó para que sus hijos crecieran en Estados Unidos.

Naturalmente, mi padre estuvo familiarizado con su madre antes de que esta enfermedad causara estragos en su cerebro. Lo que queda para la posteridad es un retrato de una mujer joven de 22 años de expresión seria sentada en un sofá de mimbre, inclinada hacia delante con su brazo izquierdo levantado, como si fuera a decir algo que después decidió callar.

Probablemente, calló mucho toda su vida. La tradición de la familia cuenta que Rafaelita y su hermana María Elisa, “Nena”, fueron criadas por hermanastras mayores que las atormentaban. El padre de todas ellas era Rafael Rodríguez, “Pipón”. Rafaelita gustaba contar acerca de su padre cuando llegaba a Cárdenas montado a caballo, “alto, de ojos azules, con una figura tan gallarda que todo el pueblo quería saludarlo”, recuerda mi padre. Nena heredó la granja de Pipón, arrebatándosela en un juicio a Generosa, su media hermana. Pasé días felices visitando la finca de Nena, cuando era un niño de La Habana. Recuerdo el olor a ganado, a los guajiros a caballo con sus sombreros de paja, y a una bomba manual al otro lado de un camino rural, que extraía el agua de pozo más deliciosa que he probado en toda mi vida.

La madre de Rafaelita y de Nena fue Severina, segunda esposa de Pipón. Las niñas pasaron los primeros años de sus vidas en la granja. Según la tradición oral, Severina murió cuando mi abuela tenía cerca de siete años de edad. Entonces, Pipón llevó a Rafaelita y a Nena a vivir con Generosa, una hija mucho mayor de su primera esposa.

A pesar de su nombre, Generosa no era tal de espíritu con sus medias hermanas pequeñas. Rafaelita pasó su infancia y adolescencia en medio de la miseria y la humillación. Con frecuencia, Generosa amenazaba a Rafaelita y a Nena con enviarlas a un orfanato.

Lo que quizás no les era del todo desconocido. Cuentan los rumores de la familia que Severina, la madre de las niñas, provenía de la Beneficencia, que era el nombre popular de la Real Casa de Maternidad, el hogar de los niños de madres solteras, en la Cuba colonial. Como evidencia para respaldar este relato, la leyenda de la familia sostiene que el apellido de Severina era Valdés, apellido conferido por los sacerdotes a todos los niños de la Beneficencia.

¿Será cierto? Consejo de los genealogistas: revisar los documentos escritos. Primera parada: el certificado de nacimiento de mi padre, que indica que su abuela materna fue Severina Ramírez Valdés.

El tener dos apellidos contradicen el relato sobre la Beneficencia, porque sugiere que Severina tuvo dos padres conocidos y que, por lo tanto, no fue una niña abandonada. Mi padre no tiene una respuesta al respecto. Su hermana María del Carmen, “Mayita”, que vive en La Habana, encontró el certificado de defunción de su madre: este indica que ella fue hija de Severina Valdés, a secas. La teoría sobre la Beneficencia vuelve a cobrar vida.

Sin embargo, Mayra Sánchez-Johnson, la genealogista profesional que me ayuda con la investigación, afirma que los certificados de defunción son inexactos y que se otorgaban sin confirmación alguna en medio del duelo. Los contactos que tiene Mayra en Cuba recorren los archivos de las iglesias a requerimiento de los cubano-norteamericanos que desean conocer sobre sus antepasados pero que no pueden, o no quieren, regresar a la Cuba de Castro.

En abril de 2006, su colega de Cárdenas encontró el certificado de bautismo de mi abuela Rafaelita.

Del lado paterno, aparece Pipón y sus padres, Francisco Rodríguez Alfonso y Francisca Herrera Piloto. Del lado materno, el documento indica que la madre de Rafaelita fue Severina Valdés, de la Real Casa de Maternidad, de padres desconocidos. Un mes después, la fuente de Mayra en Cárdenas encontró el certificado de bautismo de Severina. Este indica que ella nació en 1872 y que fue abandonada “en la casa habitada por Severino Ramírez”.

Entonces, allí lo tenía: Severino y Severina, el apellido Ramírez versus el apellido Valdés otorgado por la Beneficencia. ¿Padre e hija?

No era inusual en la Cuba de ese entonces que una madre soltera dejara a su niño con el padre y que el padre aceptara al niño, dice Mayra. “En esta ocasión, el padre dejó a la niña en la casa de maternidad”.

Ahora coinciden la tradición de la familia y los documentos legales: mi bisabuela Severina fue hija de padres solteros y fue dejada al cuidado del gobierno colonial español en Cuba. Esto explica el por qué su hija Rafaelita, mi abuela, la pasó tan mal con su media hermana. Generosa se rebeló en contra de compartir su hogar con las hijas de Pipón y de su segunda esposa, las niñas abandonadas.

Hace poco encontré que hay más acerca de esto.

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