El incidente final que llevó a que tantos dominicanos jugaran béisbol profesional sucedió en 1975, cuando las Grandes Ligas de Béisbol fueron obligadas a declarar agentes libres a jugadores que habían sido reclutados en ellas. Pero debido a que las reglas del reclutamiento de jugadores en las Grandes Ligas se aplicaban sólo a ciudadanos y residentes de Estados Unidos, no existía restricción alguna en cuanto a la cantidad de jugadores extranjeros que se podían contratar. La República Dominicana, con su larga tradición de béisbol y una de las peores economías de América, estaba en el círculo de espera y lista. Fue entonces cuando las cosas comenzaron verdaderamente a cambiar. "Una vez que los peloteros comenzaron a irse a Estados Unidos y a regresar con dinero suficiente para comprar mansiones y SUVs (vehículos utilitarios deportivos), el béisbol dejó de ser una diversión para pasar a ser una salvación", escribe Kurlansky. Esta salvación finalmente se extendió a una comunidad más amplia, argumentando las Grandes Ligas de Béisbol que ellas generaban $76 millones anuales en negocios mediante proyectos como academias de béisbol que generan miles de puestos de trabajo, lo cual era comparable a los ingresos por concepto de turismo. Esto no incluye los millones de dólares en transferencias monetarias realizadas por los jugadores y sus donaciones a orfanatos y otros programas juveniles.
Kurlansky relata cómo el predominio del béisbol en la nación caribeña ha sido causa de corrupción en contratos de jugadores, un escándalo sexual con jugadores más jóvenes y el uso abusivo de esteroides. También nos enteramos de aspectos negativos de algunos de los jugadores más célebres, como Sammy Sosa y George Bell, que, al igual que muchos otros detalles del libro, es posible que ya sean del conocimiento de aquellos que han sido fanáticos por más tiempo. Sin embargo, quienes hayan comenzado a seguirlos recientemente disfrutarán del modo medido en que Kurlanksy presenta muchos de los elementos básicos. Otros detalles parecerán curiosos y más bien viles: "Los hombres dominicanos son tristemente célebres por su machismo"; "a los dominicanos les encanta bailar".
Pese a que Kurlansky ocasionalmente deambula por su propio mundo con parte de su material, The Eastern Stars finalmente presenta una historia convincente sobre cómo el deporte que disfrutamos como nuestro pasatiempo nacional ha sido fuente de esperanza y salvación para muchas familias de ese país insular. Es un libro para lectores curiosos en cuanto al juego, curiosos sobre la República Dominicana, y a lo mejor un poco curiosos también respecto de cómo cocinar cangrejos con leche de coco. Y todo esto justamente a tiempo para el inicio de la nueva temporada de béisbol.
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