Pero, Allende siempre ha vivido mas o menos una vida pública. Nacida en Chile, en 1942, en una familia prominente, disfrutó de una afortunada carrera como periodista, autora y dramaturga. Se casó y tuvo dos hijos. Luego, al principio de los años setenta, después de que un golpe militar depuso a su tío, el Presidente Salvador Allende, Isabel y su familia fueron forzados a dejar el país repentinamente y a pasar años en el destierro. La agitación de la familia y el drama político de su país natal, infundido con un espiritualismo impresionante, fueron el sello distintivo de sus obras. La primer novela de Allende en 1982 fue La casa de los espiritus, que trazó a cuatro generaciones de una familia chilena, ganó reconocimiento internacional, así como también lo hicieron sus obras subsecuentes, incluyendo De amor y de sombra, Eva Luna, Paula, e Hija de la fortuna.
Divorciada hacia fines de los años ochenta, Allende conoció a Willie Gordon, un abogado californiano que sería su segundo marido, mientras estaba de gira promocionando uno de sus libros: "Aquí estaba este tipo gringo a quien le gustaban las rubias altas. Tuve que convencerlo que en mi primera vida fui alta y rubia", dice Isabel bromeando.
Quince años después, Allende dice de la relación, "No sabía que hallaría un amor apasionado a mi edad. Que estaría enamorada a los sesenta de la manera en que lo estoy. Que tendría un relación como la que tengo con mi esposo, que es la más cálida y maravillosa de mi vida hasta el día de hoy".
La pareja ha "ido y vuelto del infierno," comenta Allende. En 1995, la única hija de Allende, Paula, se enfermó gravemente y murió. La memoria escrita en 1995, Paula, que entreteje la historia personal de Allende con el relato de la enfermedad de su hija, es considerada por muchos como su mejor obra.
Allende dice: "La hija de mi marido también murió pocos meses después de Paula. Pasamos por mucho dolor. Fue un desastre, pero sin embargo, pudimos encontrar un círculo interno en donde solamente estamos nosotros dos".
Pero es un círculo que se extiende fácilmente. Allende observa: "Yo he podido reproducir una familia extendida donde vivo. Con amigos y gente que, más o menos, he adoptado. Mi hija estuvo casada con un hombre llamado Ernesto. Después de que Paula murió, yo permanecí muy apegada a él. Ahora Ernesto vive en nuestra antigua casa, que está a apenas una cuadra de aquí, con su nueva mujer. Esperamos que algún día tengan hijos. Todos los domingo, tenemos amigos en el jardín y en la piscina. Una casa llena. Paso mis fines de semana cocinando para todos".
Allende siempre reserva tiempo para los nietos. "Esto se ha dicho tantas veces que parece una frase trillada, pero es cierto. Se puede disfrutar de los nietos en una manera que no se disfrutó de sus hijos. Cuando estaba criando a mis hijos, estaba muy ocupada trabajando. Era joven. Estaba confundida.
No tenía nada de tiempo. Y, siempre estaba preocupada que algo les iba a pasar. Me concentré en criarlos de manera tal que estuvieran preparados para afrontar la vida y no los mimé".











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