
Denzel Washington en una escena de 'Flight'. — Foto: Robert Zuckerman/Paramount Pictures
Al ser interrogado, Whip insiste —correctamente— en que seis personas no murieron por culpa de él, sino que 96 se salvaron gracias a él. Sin embargo, para las autoridades de aviación lo que importa es que su nivel de alcohol era muy superior al permitido, incluso para conducir un simple vehículo automovilístico. La lucha de Whip, más que contra la justicia que pretende que pague por su irresponsabilidad, es contra sí mismo.
El viaje en el que nos lleva Flight se reduce finalmente a la batalla de un hombre contra sus adicciones. Whip intenta en primera instancia dejar el alcohol con la ayuda de Nicole (Kelly Reilly), una paciente en el mismo hospital donde lo atendieron, que está tratando de superar su propia adicción a la heroína. Pero, a pesar de su valentía como piloto y de su aptitud para las conquistas amorosas, Whip es completamente impotente frente al alcohol. Su lucha es más dolorosa cuanto más noble y fuerte parece como hombre.
Si no por otra cosa, el estreno de Flight es importante porque marca el regreso de Robert Zemeckis a la dirección de actores tras realizar una serie de películas de animación (The Polar Express (2004); Beowulf, (2007); A Christmas Carol, (2009)). Durante sus primeros pasos en el cine en los años 80, Zemeckis seguía el estilo de Steven Spielberg (quien produjo algunas de sus cintas), pero en Back to the Future (1985) y Who Framed Roger Rabbit (1988) Zemeckis finalmente se distinguió como un director, que además de manejar bien los efectos especiales (que le fascinan), podía sostener una trama dramática y cómica a la altura. Su pericia manejando estos elementos quedó certificada con el Oscar que ganó por Forrest Gump en 1994.
En Flight, Zemeckis demuestra que ha madurado y puede tratar un tema serio y adulto sin el simplismo e ingenuidad de sus películas anteriores. Sin embargo, en los últimos quince o veinte minutos de la película, Zemeckis se aleja de los terrenos boscosos que estaba explorando y vuelve a caer en los lugares comunes de los típicos dramas de Hollywood. El viaje en el que nos llevaba Flight parecía ascender a alturas inusuales para una cinta comercial, pero el final resulta un aterrizaje forzoso en los terrenos más convencionales del sentimentalismo. Es una pena que la película no logre aterrizar con la misma pericia con la que lo hace Whip.
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