Le he preguntado a varios autores cómo combaten la tristeza, y la mayoría me ha contestado que, como yo, leen poesía.
El escritor Sergio Troncoso, méxicoamericano que vive en Nueva York y publica dos nuevos libros éste mes, dice que la poesía de Emily Dickinson le transporta a un mundo de palabras que siempre encuentra bello y sabio.
Antonio José Ponte, escritor cubano que vive en Madrid, me comentó que también recurre a la poesía, preferiblemente la griega o la de los clásicos chinos, “por razones que van más allá de los poemas en sí: un fragmento griego se ha salvado del naufragio del resto del poema, cualquier poeta clásico chino ha sufrido exilios y condenas”.
Y, Alma Flor Ada, que vive en California y escribe para adultos y niños lo mismo en inglés que en español, prefiere la poesía hispana. Sus poetas favoritos son Antonio Machado, Pedro Salinas, Federico García Lorca y Pablo Neruda. Dice que siempre la acompañan.
“En momentos de tristeza o desesperanza nada supera, para mí, al poema Confianza de Pedro Salinas", dice, y aquí envía algunos de sus versos. Con ellos termino yo, porque no se puede agregar a la perfección.
Mientras haya
alguna ventana abierta
ojos que vuelven del sueño,
otra mañana que empieza…
Mar con olas trajineras
—mientras haya—
trajinantes de alegrías,
llevándolas y trayéndolas.
[...]
Agua como se la quiera
—mientras haya—
voluble por el arroyo
fidelísima en la alberca.
[...]
Mientras haya
quien entienda la hoja seca,
falsa elegía, preludio
distante a la primavera.
[...]
Tantas palabras que esperan,
invenciones, clareando,
—mientras haya—
amanecer de poema.
Mientras haya
lo que hubo ayer, lo que hay hoy,
lo que venga.
Mirta Ojito es escritora, periodista, editora y profesora de posgrado en la facultad de periodismo de Columbia University en Nueva York; ante todo, es una amante de la palabra escrita. Conózcala aquí.
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