Por supuesto, la inclinación esencialmente convencional de los Oscars sigue intacta, como lo demuestran las 12 nominaciones a Lincoln, un filme de aliento épico, bien realizado, genialmente actuado por Daniel Day-Lewis y correctamente dirigido por Steven Spielberg, pero nada más. Por otra parte, se dice que la Academy cedió como siempre a presiones políticas al excluir a Tarantino y Bigelow en la categoría de Mejor Director. En el caso de Tarantino, por su retrato de los esclavos sureños antes de la Guerra Civil en Django Unchained, y en el de Bigelow, supuestamente, porque incluyó a la tortura como parte fundamental del proceso que llevó a la captura de Osama bin Laden en Zero Dark Thirty. Más allá de que la corrección política haya tenido algo que ver, lo cierto es que ambos filmes tienen suficientes fallas para que se pueda entender su omisión. Ello sucede especialmente con Zero Dark Thirty. Para empezar, es larguísima —dura 157 minutos— y Bigelow se toma más de una hora en “entrar en materia”. Lo que se podría considerar como el “prólogo” a la primera pista que realmente llevó a la CIA al escondite del terrorista saudí es tan tedioso (torturas incluidas) como la burocracia del gobierno estadounidense que retrata. Además, el personaje central de la agente, interpretado por la estupenda Jessica Chastain (nominada para Mejor Actriz), está muy mal delineado. Nunca se nos explica qué podría haber llevado a una mujer tan bella y, en apariencia tan normal, a escoger una carrera y una misión tan ingrata y arriesgada.
El caso de Tarantino es diferente. Aunque Django Unchained también adolece de concisión —dura 165 minutos—, su spaghetti western es magistral en por lo menos sus primeras dos terceras partes.
Si en algo podríamos decir que la Academy se equivocó totalmente este año, es en incluir a David O. Russell en la categoría de Mejor Director, a despecho de Tarantino. El filme de David O. Russell, Silver Linings Playbook, narra la supuestamente graciosa y excéntrica relación entre Pat, un bipolar recién salido de un hospital mental (Bradley Cooper) y Tiffany, una rebelde y nada convencional muchacha que acaba de enviudar (Jennifer Lawrence). El cuadro es completado por los padres de Pat (Robert de Niro y Jacki Weaver), cuyas peculiaridades se pretende nos resulten simpáticas. La realidad es que con la excepción de Tiffany, los personajes, más que divertidos y excéntricos, resultan insoportables. Pat es más inmaduro y egoísta que neurótico, y su desquiciante ambiente familiar está expresado únicamente en los decibeles que alcanzan las discusiones en su casa. Russell ha retratado con mayor efectividad la disfunción familiar que raya en la locura en cintas anteriores, como las excelentes Flirting with Disaster (1996) y I Heart Huckabees (2004). Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Robert de Niro y Jacki Weaver, están todos nominados y tal vez hasta ahí debió llegar el reconocimiento de la Academy a Silver Linings Playbook.
Pero, a pesar de lo encomiable de sus poco ortodoxas elecciones, la Academy no deja de representar justamente eso, lo académico, tradicional y previsible. Esperar más sería tanto como tener la esperanza de que algún día aparezcan los pares de esos calcetines que se pierden invariablemente después de cada lavada.
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