Canciones, intérpretes y sus creadores

Joyas de la música cubana

De Beny Moré, Machito, Buena Vista Social Club a Celia Cruz, revive las melodías de la era dorada.

Trío Matamoros: 'Son de la loma'

Trabajaba de chofer, pintor y carpintero. Pero eventualmente, el maestro Miguel Matamoros (1894-1971) se dedicó a su verdadera pasión: la música. Junto a Rafael Cueto y Siro Rodríguez fundó el Trío Matamoros, grupo fundamental de la trova cubana. Su primer sencillo incluía el clásico El que siembra su maíz. Son de la loma es una más entre tantas canciones de Matamoros que definieron una era, preservada en versiones posteriores de Compay Segundo, Willy Chirino y muchos otros.

María Teresa Vera: 'Veinte años'

Su voz era seca y áspera. Pero armada con una guitarra y recién llegada a La Habana buscando trabajo, María Teresa Vera participó en la creación de la trova durante la segunda década del siglo 20. Veinte años es su canción más famosa, resucitada entre muchos otros por Buena Vista Social Club. Murió en 1965, a los 70, homenajeada por un pueblo que entendía la inmensidad de su contribución a la estética cubana.

Aniceto Díaz: 'Rompiendo la rutina'

En 1929, Rompiendo la rutina logró exactamente eso: cambiar los patrones del danzón, agregarle una parte vocal influenciada por el son e inaugurar un nuevo baile de salón, el danzonete. Su inventor fue Aniceto Díaz —compositor, flautista y saxofonista— originario de Matanzas e integrante de la orquesta de Miguel Failde. El danzonete tuvo su propia emperatriz, la maravillosa Paulina Álvarez, que cantó Rompiendo la rutina con inefable pasión.

Rita Montaner: 'El manicero'

Había dos Ritas: la Rita blanca, que estudió teoría musical y grabó arias de óperas. Y la Rita negra, seducida por las cadencias de la música afrocubana. Estas dos personalidades se fusionaron en la carrera de Rita Montaner, quien simbolizó la mezcla de razas de Cuba y sus sonidos. A fines de los años 20, Montaner graba para Columbia la primera versión de El manicero, tema del pianista Moisés Simons que combina la belleza del son con el pregón.

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Sexteto Habanero: 'La chambelona'

El Sexteto Habanero —luego septeto, con el agregado de una trompeta— es sinónimo del son cubano. Sus grabaciones durante la década de los años 20 en Nueva York, con el cantante Abelardo Barroso, son un capítulo fundamental para la música popular afrocubana. La chambelona y Tres lindas cubanas  son dos de sus muchos éxitos. Con el correr del tiempo fueron eclipsados por el brillante resplandor de las grandes orquestales tropicales, pero el éxito del Buena Vista Social Club resucitó su merecido prestigio.

Ernesto Lecuona: 'Siboney'

Escribió su primera canción antes de cumplir los 14 años. Y después, claro, llegarían Siboney, Malagueña, María la O y más de 600 composiciones. En el mundo de Ernesto Lecuona, el embrujo del folklore cubano se entrelaza con la música clásica. Su visión —combinando ritmos afrocubanos, melodías europeas y armonías del jazz— es parte de la esencia misma del sonido cubano. Su prima lejana, Margarita Lecuona, compuso el inefable Babalú.

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Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro: 'Échale salsita'

La música afrocaribeña es conocida como “salsa”, y quizás la raíz de este apodo se la debemos al compositor Ignacio Piñeiro y su canción Échale salsita. Piñeiro fue uno de los maestros del son, compositor de más de 300 canciones que fusionó formatos como el tango, la rumba y el danzón. Conoció a George Gershwin, que le pidió prestado un fragmento de esta canción para una de sus composiciones. Piñeiro falleció en 1969, pero su septeto continúa activo.

José Fajardo: 'El cadete constitucional'

El danzón fue interpretado y enriquecido por las grandes charangas de Cuba, entre las cuales se encuentra el grupo de José Fajardo. Nacido en Pinar del Río en 1919, Fajardo estudió flauta con su padre y rápidamente adoptó un estilo acrobático y melodioso. A mediados de los años 50, tenía tres versiones de su orquesta, Fajardo y sus Estrellas, para satisfacer la demanda de los clubes nocturnos. El cadete constitucional tiene un ritmo deliciosamente añejo pero atemporal.

Miguelito Valdés: 'Babalú'

Fue un excelente boxeador y logró trasladar el ritmo furioso y la hombría de sus pugilatos a la música cubana. A través de su extensa trayectoria —tanto en su Habana natal como Nueva York— trabajó con todos los protagonistas: desde las agrupaciones de la era dorada como Casino de la Playa hasta la Sonora Matancera. Murió en 1978, conocido bajo el apodo de “Mr. Babalú” por la pimienta que le aportaba a este clásico escrito por Margarita Lecuona.

Cachao: 'El fantasma del combo'

Junto a su hermano Orestes y como integrante de Orquesta Arcaño y sus Maravillas, inventó el mambo y desencadenó una moda universal en los años 50. Tuvo la mala fortuna de emigrar a Las Vegas, donde aparentemente perdió sus ahorros en las mesas del azar. Pero su historia le reservaba un tercer acto de redención: amparado por el actor Andy García, terminó su vida como una estrella de rock, grabó nuevos álbumes e hizo conciertos hasta su muerte, a los 89.

Neal Preston/Corbis

Orquesta Aragón: 'El bodeguero'

“Toma chocolate, paga lo que debes”: un coro contagioso, entrañable, que define el buen humor y la inocencia que irradian de las grabaciones de la Orquesta Aragón. Fundada en 1939, esta agrupación se transformó en el ejemplo indiscutible de una buena charanga, es decir la orquesta típica cubana que se especializa en el danzón y el chachachá, con violines y flauta como protagonistas.

Foto: Cortesía of Ernesto Lechner

Beny Moré: 'Qué bueno baila usted'

Murió a los 43 años, víctima del alcoholismo, pero todo lo demás en la vida y obra de Beny Moré es una explosión de alegría. Uno de los pioneros de la música afrocaribeña que después sería conocida como salsa, Moré tenía el peculiar talento de interpretar guarachas bailables y tórridos boleros con igual encanto. Sus grabaciones, las cuales estuvieron apoyadas por la inolvidable Banda Gigante de los años 50, son monumentales. 

Foto: Cortesía de Ernesto Lechner

Pérez Prado: Mambo No. 5

Dicen por ahí que el mambo fue inventado por el bajista Cachao y su hermano Orestes. Pero la persona que popularizó este vertiginoso género bailable a través del continente americano fue, sin lugar a dudas, el inimitable Cara de Foca, Dámaso Pérez Prado, alcanzando la cima de la popularidad en Estados Unidos. Cuando se trasladó a México en 1948, Pérez Prado inició una serie de grabaciones y apariciones en películas que lo consagrarían para siempre.

Foto: Bettmann/Corbis

Sonora Matancera con Celia Cruz: 'Melao de caña'

Pocas orquestas en la historia de la música latina se comparan a la Sonora Matancera. Además de ser la plataforma desde la cual surgió a la fama la Reina de la Salsa, Celia Cruz, la Matancera creó un sonido que cambió las reglas del juego, combinando auténticos formatos cubanos como la rumba, guaracha y bolero con una estética accesible y absolutamente popular. Sus éxitos —joyas tropicales de tres minutos con trompetas melodiosas y solos exquisitos— dieron la vuelta al mundo. 

Foto: Michael Ochs Archives/Getty Images

Machito: 'Tanga'

El jazz latino nació cuando el trompetista Dizzy Gillespie y el conguero cubano Chano Pozo colaboraron en la grabación de Manteca. Pero el cantante y director de orquesta Machito y su cuñado Mario Bauzá fueron de igual importancia para el desarrollo del género, como lo demuestra el instrumental Tanga. Machito creció en La Habana, pero fue luego de trasladarse a Nueva York durante los años 40 que encontró su verdadera identidad artística; combinó música cubana con orquesta de jazz, y creó sabrosas armonías vocales junto a su hermana Graciela.

Foto: Cortesía de Ernesto Lechner

Peruchín: Mamey colorao

Era inevitable que algunos de los protagonistas de la época dorada cayeran en el olvido. En el caso de Peruchín, el olvido es criminal. Quizás el pianista más elegante de su generación, Pedro Nolasco Jústiz Rodríguez adoptó el estilo aterciopelado de los tecladistas norteamericanos como el canadiense Oscar Peterson y lo aplicó al entorno cubano de Tres lindas cubanas y Lágrimas negras. El resultado es tan refinado como atemporal. Mamey colorao no puede faltar en una antología básica de la música cubana. 

Foto: Cortesía de Ernesto Lechner

Arsenio Rodríguez: 'Hay fuego en el 23'

Uno de los grandes precursores de la estética salsera, el prolífico compositor y director de orquesta Arsenio Rodríguez, el Ciego Maravilloso tenía un entendimiento casi salvaje del swing afrocubano. Temas como Hay fuego en el 23 y Mami me gustó combinan ritmo, clave y melodía generando un sentimiento de vértigo, irresistible para los bailadores. Ciego desde su infancia, Rodríguez escribió una de sus mejores canciones, la desgarradora La vida es un sueño, cuando se enteró de que sus esperanzas de recuperar la vista quedarían en la nada.

Foto: David Gahr/Getty Images

Cuarteto D’Aida: 'Yenyere cumae/El bombón de Elena'

Le decían “fílin”, pero en realidad hablaban de feeling en inglés, canciones a puro sentimiento y con sabor a jazz. En los años 50 este movimiento fue un matrimonio feliz entre la música popular norteamericana y los formatos cubanos. La aparición del Cuarteto D’Aida en 1952, un conjunto femenino con voces que incluyeron a Elena Burke y Omara Portuondo, que décadas más tarde sería la diva del Buena Vista Social Club.

Bebo Valdés y Sabor de Cuba: 'La cadena santiaguera' (con Omara Portuondo)

Bebo Valdés murió hace pocos meses a los 94 años de edad. Durante la última etapa de su vida, cobró notoriedad con su aparición en la película Calle 54 y una serie de deliciosos discos de jazz latino. Pero en los años 50, Valdés triunfaba con uno de los conjuntos más tropicales y sólidos de la época: Sabor de Cuba. La cadena santiaguera incluye las voces de Omara Portuondo y Pío Leyva, que se harían famosos décadas después con el Buena Vista Social Club.

Foto: Jack Vartoogian/Getty Images

Celina González: 'A Santa Bárbara'

Falleció en febrero de este año, tras una larga vida dedicada a la música campesina de Cuba. Oriunda de Matanzas, Celina conoció la fama junto a su esposo y compañero musical, Reutilio Domínguez. A Santa Bárbara y Yo soy el punto cubano son quizás sus aportes más grandes al cancionero tropical. Una voz recia, contagiosa, y un talento particular para escribir letras inspiradas en el formato de la décima. Celebrada en Colombia y Venezuela, terminó su carrera cantando con su hijo, Lázaro.

Rolando Laserie: 'Las cuarenta'

Otro de los grandes intérpretes de la música cubana que no recibió todo el reconocimiento que se merecía, Rolando Laserie se ganó el sobrenombre de el Guapachoso por la actitud desenfadada y varonil con que interpretaba boleros y guarachas. A través de su extensa carrera, Laserie se caracterizó por el buen gusto de su repertorio: grabó maravillosas versiones de Sabor a mí, Lo mismo que a usted, de Palito Ortega y el tango Las cuarenta.

Foto: Cortesía de Ernesto Lechner

Tito Gómez con la Orquesta Riverside: 'Rumba pa'los rumberos'

Fundada en 1938, la Orquesta Riverside ejemplificó la versatilidad de las mejores agrupaciones cubanas de la época, capaces de abarcar todo tipo de formatos bailables. Uno de sus mejores cantantes fue Tito Gómez —famoso por su interpretación de Vereda tropical— que en Rumba pa'los rumberos complementa la sinuosa sección de vientos con un fraseo rebosante de chispa y sabor.

Foto: Cortesía de Ernesto Lechner

Olga Guillot: 'Lluvia gris'

Cuba nos ha dado una galería inolvidable de grandes boleristas, pero solo una cantante es sinónimo del bolero: Olga Guillot. Con su sensibilidad a flor de piel y el timbre melodioso de su voz, Guillot hizo del bolero un manifiesto de corazones rotos, con clásicos como Miénteme y La gloria eres tú. Su versión en español de Stormy Weather, Lluvia gris enfatiza la conexión que une a la música cubana de los años 50 con el jazz estadounidense.

Foto: Cortesía de Ernesto Lechner

Irakere: 'Claudia'

En 1973 nace Irakere, grupo de virtuosos liderado por el pianista Chucho Valdés. Hijo y alumno de Bebo Valdés, Chucho se interesó por explorar la encrucijada entre el jazz progresivo y los formatos folclóricos de su patria. Acompañado por el guitarrista Carlos Emilio Morales, el saxofonista Paquito D’Rivera y el trompetista Arturo Sandoval, Chucho creó música que hoy suena tan vanguardista como bella. La balada Claudia destila el modernismo y la inspiración arrebatada de su sonido.

Frans Schellekens/Redferns/Getty Images

Buena Vista Social Club: 'Chan chan'

En 1997, la música de Cuba recibe la reivindicación que se merecía. Todo empezó por casualidad: el guitarrista estadounidense Ry Cooder viaja a La Habana para grabar un disco de músicos africanos. Los artistas faltaron a la cita y Cooder decidió improvisar un disco de sones cubanos interpretados por jubilados del género. Y con quiénes se encontró: artistas como Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Omara Portuondo y muchos otros. Un fenómeno internacional resumido en un tema empapado de nostalgia, Chan chan

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Desde la década de los 20 hasta principios de los años 60, la música cubana experimentó un apogeo que marcó para siempre a Latinoamérica. Mediante el desarrollo de géneros fundamentales como el mambo, el bolero, el chachachá, la rumba y el omnipresente son, que surgen de los  tradicionales ritmos danzón, guaracha y guajira, las grandes orquestas cubanas y sus carismáticos cantantes fusionaron virtuosismo con sentimiento. Estas 25 canciones son una introducción a la era dorada de la música de Cuba —y a los que las hicieron inolvidables—. … Volver al artículo

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