‘I Am Not Your Negro’: Una tragedia americana

Sencillamente, una obra maestra.

DIRECTOR: Raoul Peck
GUION: James Baldwin
ELENCO:
Samuel L. Jackson (voz)
DURACIÓN: 95 minutos 

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“La historia del trato a su población negra, es la historia de Estados Unidos”. Esas palabras definen el sentido más profundo de lo que nos dice el escritor afroamericano James Baldwin en I Am Not Your Negro. Más que un documental, la película es una ilustración poética del pensamiento de Baldwin, figura tan monumental para los derechos civiles como Martin Luther King Jr. o Malcolm X. Su nombre no es tan conocido como el de los otros dos por esa humana proclividad que tenemos a registrar únicamente los extremos. Baldwin ofrecía una tercera vía, una alternativa que a la vez complementa la de King y X. El magistral filme dirigido por el haitiano Raoul Peck nos muestra esa visión en toda su sencilla lucidez.

El guion está basado en las 30 páginas que escribió Baldwin a su editor en 1979 como adelanto a un proyecto que se llamaría Remember This House. Baldwin tenía 55 años entonces y aunque tuvo tiempo para terminarlo (murió en 1987), nunca lo hizo. La idea era ubicar su biografía entremezclándola con la de otros tres luchadores sociales de los años 60: además de King y X, Medgar Evers, funcionario de la Asociación nacional para el progreso de la gente de color (NAACP, por sus siglas en inglés). Los tres murieron asesinados antes de cumplir 40 años. Tal vez porque la trinchera de Baldwin eran las letras y porque se autoexilió en Francia escapó de sufrir la misma suerte que ellos.

Escena de la película 'I Am Not Your Negro'

Escena de 'I Am Not Your Negro'. — Dan Budnik/Cortesía Magnolia Pictures

La esencia de Baldwin se puede entender efectivamente contrastando su postura con respecto al calvario de la población de raza negra en Estados Unidos, con la de los otros tres. Nunca quiso pertenecer a la NAACP porque le parecía que era una organización que hacía distinciones de clase y él no podía olvidar sus raíces humildes en el barrio de Harlem en Nueva York. Tampoco coincidía con el odio indiscriminado a los blancos que promovía Malcolm X. Fue, después de todo, una maestra blanca la que descubrió desde la primaria el gran potencial de Baldwin y lo animó a que cultivara su intelecto. Las reservas de Baldwin con respecto a King tenían que ver con la religión. Baldwin, quien era homosexual, desconfiaba del cristianismo porque en la práctica excluía a ciertos grupos al aplicar esa máxima de “ama a tu prójimo como a ti mismo”. A pesar de sus desavenencias, Baldwin terminó siendo gran amigo de esas tres figuras monumentales de los derechos civiles y lamentó profundamente sus muertes.

Utilizando material de archivo, Peck va ilustrando las palabras de Baldwin, dichas con melancólica cadencia por el actor Samuel L. Jackson. Y las imágenes son brutales. No solamente vemos desfilando a miembros del Ku Klux Klan y cuerpos colgando de los árboles, además de linchamientos y palizas, sino que hay otras aún más aterradoras por su aparente inocencia. En suburbios impecables, pulcros jóvenes blancos, escupen y empujan a los primeros estudiantes de color que pretenden asistir a la universidad en los años 60. Muchachas rubias de inocente mirada portando pancartas que dicen: “Negro, ¿cómo te atreves a soñar con ser blanco?”, “No a la integración” o “Regrésense a África”.

Un horror que nos parece muy lejano ahora, pero que, en palabras de Baldwin, revela algo integral al carácter de un país que le ha dado la espalda a su pasado. “La historia es el presente, y solo reconociéndola podemos encarar el futuro”. Sería imposible resumir la sabiduría contenida en la prodigiosa prosa del escritor, pero es importante señalar que su crítica va más allá de la condición específica de la población negra y abarca a la totalidad del “sueño americano”; uno que también le falló a los blancos. Para Baldwin, la inmensa prosperidad posterior a la Segunda Guerra Mundial que llevó a Estados Unidos a convertirse en la nación más poderosa del mundo, no sirvió para crear ciudadanos más felices, ni mejores. Piensa que los modelos de felicidad artificial que creaban ciertas películas (en especial los musicales), mantenían a la población blanca engañada y sin armas para la autorreflexión.

Es en el cine también donde comienza el despertar de su consciencia. Baldwin recuerda cómo disfrutaba de niño las películas de vaqueros; hasta que descubrió que aunque se identificaba como todo el público con John Wayne, en realidad su condición lo aparejaba con los indios. Baldwin recuerda el terrible momento en el que se dio cuenta de que su país, el lugar donde había nacido, el único que conocía y al que amaba, no tenía un lugar para él. “Los niños observamos a los demás y pensamos que somos iguales. Los afroamericanos nos damos cuenta a los 4 o 5 años de que no somos como los otros; que no somos lo único que pensábamos que éramos: ciudadanos de Estados Unidos”. Baldwin resume ese devastador hallazgo así: “Un día me desperté y me di cuenta de que mis compatriotas eran mis enemigos”.

I Am Not Your Negro sigue tan vigente ahora como entonces y no es solo una obra maestra; es imprescindible.

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