'Hail, Caesar!': un collar deshilvanado

El último film de los hermanos Coen es un guiño al Hollywood de los años 50.

DIRECTOR: Joel e Ethan Coen
GUION: Joel e Ethan Coen
ELENCO: Josh Brolin, George Clooney, Alden Ehrenreich, Scarlett Johansson, Channing Tatum, Ralph Fiennes, Tilda Swinton y Jonah Hill
DURACIÓN: 106 minutos

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Josh Brolin como Eddie Mannix en la película 'Hail, Caesar!'

Josh Brolin como Eddie Mannix en la película 'Hail, Caesar!' — Cortesía de Alison Rosa/Universal Pictures

“El que mucho abarca, poco aprieta”, dice el dicho, y este es quizás el principal problema de Hail, Caesar!

La más reciente entrega de los talentosos hermanos Coen es una mescolanza de referencias a los filmes más representativos de los años 50 en Hollywood, última década en la que el “Studio System” operaba a toda su capacidad. La película es una larga serie de guiños a superproducciones y estrellas de la época sin que la principal línea argumental le dé suficiente cohesión. El resultado es un collar deshilvanado con una que otra perlita perdida en medio de pedrería de fantasía.

La historia se centra en Eddie Mannix (Josh Brolin), el “fixer” o encargado de arreglar cualquier potencial escándalo que ponga en riesgo la reputación de alguna de las estrellas de los estudios Capitol. El puesto realmente existía en Hollywood en esos tiempos y Mannix es el verdadero nombre de un fixer de la Metro Goldwyn Mayer. Los días de Mannix están repletos y la película se centra en un día típico en el que Mannix recorre los estudios lidiando con diferentes tipos de “crisis” como embarazos no deseados, homosexualidades ocultas, romances inconvenientes, u otros pecadillos de los actores bajo contrato de Capitol. Para ello tiene que tratar con las chismosas hermanas gemelas Thora y Thessaly Thacker (Tilda Swinton), un compuesto de Hedda Hopper y Louella Parsons, las columnistas cuya pluma venenosa podía hacer y deshacer carreras.

Siguiendo a Mannix en su diario recorrido, Hail, Caesar! se vuelve un desfile de cameos que, vistos por separado, son lo mejor de la película. Scarlett Johansson interpreta a una nadadora al estilo de Esther Williams en una espectacular coreografía acuática que bien hubiera podido ser montada por Busby Berkeley; un excelente Channing Tatum, vestido de marinero, reproduciendo alguna escena que podría ser de la cinta On the Town (1949) con Gene Kelly o Frank Sinatra; Ralph Fiennes como un suave director inglés tratando de terminar una escena en una comedia romántica. Todos están bien, pero la revelación es Alden Ehrenreich como Hobie Doyle, un vaquero al estilo de Roy Rogers que interpreta a la perfección a alguien que es un pésimo actor.

Pero, nada de lo que había hecho hasta ahora prepara a Mannix para la peor crisis del día: el secuestro del galán número uno, Baird Whitlock (George Clooney), un vanidoso y no muy brillante actor que interpreta a un cónsul romano en la superproducción más importante de Capitol: “Hail, Caesar! A Tale of the Christ” (una combinación de Ben Hur y Quo Vadis). Mannix recibe una nota de un grupo que se autonombra “el futuro” y que pide $100,000 a cambio de Whitlock. Y es aquí donde los Coen pierden el rumbo: tratando de darle un sesgo más profundo, meten a la fuerza la noción de que los secuestradores de Whitlock son un grupo de intelectuales de izquierda que trabajan como guionistas y con su acción solo pretenden darle una lección a Hollywood. Los Coen ya habían jugado con mucho mejor fortuna con la noción de cómo se sentirían en Hollywood prestigiosos escritores que efectivamente trabajaron para la industria—entre ellos F. Scott Fitgerald, John Steinbeck y William Faulkner—en Barton Fink (1991). Hacerlo de nuevo en Hail, Caesar! solo abultó más una ya de por si abultada historia.

Los hermanos Coen, dos de los cineastas más talentosos del mundo, han ganado cuatro veces el Oscar: por mejor película, dirección y guion en No Country for Old Men (2007); y guion por Fargo (1996). De hecho, algunas de sus películas demuestran que tienen alguna formación filosófica. A Serious Man (2009) podría ser un perfecto ejemplo del “Paradigma de la voluntad”, elemento fundamental en la Filosofía del derecho de Friedrich Hegel. Hay un pequeño guiño filosófico en Hail, Caesar! nombrando Marcuse a uno de los secuestradores de Whitlock. Herbert Marcuse, un intelectual judío-alemán exiliado en Estados Unidos, es considerado el padre de la Nueva Izquierda y reinterpretó a Hegel y a Marx en libros como Eros y civilización y El hombre unidimensional. Marcuse vivió en California, pero no trabajó en Hollywood.

Es difícil entender como a los hermanos Coen, de los pocos cineastas que hasta cuando son malos, son “buenos” (como Woody Allen, por ejemplo), se les haya podido salir así una película de las manos. A Hail, Caesar! ni el mejor fixer de Hollywood podrá rescatarla.    

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