'Crimson Peak', un espectáculo visual

El director Guillermo del Toro vuelve a traer el suspenso a la pantalla, esta vez con una mirada gótica.

DIRECTOR: Guillermo del Toro
GUIÓN: Guillermo del Toro, Matthew Robbins y Lucinda Coxon
ELENCO: Mia Wasikowska (Edith Cushing), Jessica Chastain (Lucille Sharpe), Tom Hiddleston (Thomas Sharpe), Charlie Hunnam (Dr. Alan McMichael) y Jim Beaver (Carter Cushing).
DISEÑO ARTÍSTICO: Brandt Gordon
ESCENOGRAFÍA:
Jeffrey A. Melvin y Shane Vieau
MUSICA: : Fernando Velázquez
DURACIÓN: 119 minutos

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Tom Hiddleston y Mia Wasikowska en una escena de la película Crimson Peak

Tom Hiddleston y Mia Wasikowska en una escena de 'Crimson Peak'. — Cortesía Universal Pictures

En la primera parte de Crimson Peak, Guillermo del Toro nos demuestra que se sabe todas las reglas pertenecientes al canon literario y cinematográfico del género de horror gótico; en la segunda, que no le interesa seguirlas. El reto era mezclar armoniosamente los elementos más tradicionales del planteamiento con las extravagancias gore del desarrollo. Se podría decir que Crimson Peak empieza con la elegancia y sutileza de La edad de la inocencia (Dir. Martin Scorsese, 1993) y termina con el kitsch del Santo contra las mujeres vampiro (Dir. Alfonso Corona Blake, 1962), pero es evidente que el director mexicano se divirtió en el camino y que espera que el público también.

La historia arranca en el Búfalo, Nueva York del siglo XIX. Este primer planteamiento de la trama tiene claros ecos de novelistas estadounidenses de la época como Edith Wharton y Henry James; o mejor dicho, de películas basadas en esos escritores. Como Olivia de Havilland en La Heredera (Dir. William Wyler, 1949), Edith Cushing es una joven poco versada en las artes de la seducción. Cuando Thomas Sharpe, un atractivo aristócrata inglés, la pretende, su padre sospecha que su motivación es más bien económica, y no se equivoca. A pesar de que Carter Cushing se rehúsa a darle dinero al joven y le prohíbe el amor de su hija, un hecho inesperado permite que Edith se case con Thomas. Hasta aquí las referencias al cine y a la literatura clásica. Al mover la historia a Inglaterra, del Toro también revierte las reglas del género y con ellas la ubicación geográfica que, en teoría, les pertenece. Es decir, lo moderno del Nuevo Mundo queda para Inglaterra y lo clásico, para Estados Unidos.

Como Manderley en Rebeca, una siniestra mansión en la campiña inglesa recibe a Edith al regresar de su luna de miel. Al entrar en la dilapidada Allerdale Hall, del Toro también nos introduce en otro universo estilístico: las paredes que “sudan” la arcilla roja en la que está situada la casa, los decorados de colores vivos, las pesadas cortinas de terciopelo y, sobre todo, el inmenso hoyo en el techo a la entrada por el que se cuelan los elementos. Es evidente que los hermanos Sharpe están necesitados de dinero y sus negras intenciones para con Edith flotan en el ambiente y son parte central del suspenso. Desde su llegada, Edith empieza a ver fantasmas que tienen formas muy gráficas y colores fuertes, no son solo cortinas movidas por el viento como en Rebeca. Y si en la novela de Daphne Du Maurier y el filme de Alfred Hitchcock, Manderley está dominada por la temible ama de llaves de Rebeca, aquí Lucille, la hermana de Thomas, también carga en su cintura las pesadas llaves (y los secretos) de la mansión.

Aunque las referencias al género clásico continúan, la sutileza se queda atrás. En Crimson Peak no hay realmente un conflicto psicológico central en la historia y los secretos permanecen en buena parte ocultos. Los personajes son arquetípicos y esto se refleja también en las actuaciones que parecen variaciones de otras en cintas de género similar en las que intervinieron los tres protagonistas: Chastain en Miss Julie, Wasikowska en Alice in Wonderland y Hiddleston en Only Lovers Left Alive.

Por admisión propia, del Toro decidió rendir un homenaje a la compañía inglesa Hammer, especializada en cintas de ciencia ficción y terror gótico de bajo presupuesto, cuya mejor época fueron los años 60 y sus estrellas eran actores como Christopher Lee y Peter Cushing (de ahí el apellido de Edith). En la mansión de del Toro caben todos los elementos kitsch y caricaturescos de los estudios Hammer, pero deja inexplicablemente afuera uno de los más importantes: el erotismo. En ese cine de clase B, los fantasmas eran pretexto para mostrar los cuerpos semidesnudos de hermosas jóvenes corriendo asustadas en camisones transparentes. La misma literatura de horror gótico servía disimuladamente para hablar de sexo en la represiva época victoriana: la mordida del vampiro como sustituto de la penetración, por ejemplo. Esto no sería tan grave sino fuera la falta de lo erótico se extiende a todas las áreas de la historia. El mérito de Crimson Peak se debe en buena parte a los “fantasmas” que no aparecen en pantalla: los diseñadores artísticos, de escenografía y de vestuario. El resultado es una bellísima puesta en escena en cuyo centro hay un hueco tan grande como el del techo de la mansión misma.

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