Steve Martin y su camino hacia la felicidad

La estrella se confiesa sobre su regreso a la comedia.

Retrato de Steve Martin

— ROBERT TRACHTENBERG

In English |  TRATA DE IMAGINAR por un momento el horror de ser el representante de Steve Martin en 1981, el año en que dejó repentinamente de hacer monólogos cómicos: "Eres el comediante más famoso del planeta, Steve. Llenas estadios con 45,000 personas todas las noches, ¿y vas a hacer... qué? ¿Qué ideas tienes en la cabeza, Steve?" Imagina, también, cómo se vería el mundo si Martin hubiera decidido ampliar su "marca", como se dice ahora: tiendas de recuerdos de King Tut, tiendas de ropa para hombres Wild & Crazy, una residencia de tres décadas en el strip de Las Vegas, su propio canal de TV de transmisión en directo.

Su amigo, el escritor Dave Barry, todavía se maravilla de la disposición de Martin a apostar. "He aquí un tipo que era el número 1 en el mundo como espectáculo en vivo no musical. Podría haberlo mantenido así fácilmente hasta el día de hoy", señala Barry. "Pero él es inquieto".

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Por supuesto, Martin no desapareció exactamente cuando abandonó a las multitudes que hacían cola para ver su acto de la flecha en la cabeza. Probó su suerte en el cine: como uno de los disparatados ¡Tres amigos!; como un histérico padre de la novia; como un heroico Cyrano de la era moderna. También escribió novelas, grabó álbumes de bluegrass con Edie Brickell y recorrió el país tocando el banjo con la banda Steep Canyon Rangers. ¡Ah, sí! También escribió obras de teatro, entre ellas Meteor Shower, una nueva comedia sobre el matrimonio.

Pero hace poco Martin decidió volver a sus raíces. Ha estado recorriendo el país con su amigo de toda la vida, Martin Short —uno de los Amigos de la película— con un espectáculo que se llama An Evening You Will Forget for the Rest of Your Life (Una velada que olvidarán el resto de sus vidas): en el escenario confluyen monólogos cómicos, música de banjo y bromas afiladas entre "amienemigos". La actriz y comediante Catherine O'Hara describe la obra como un "show infantil para adultos". Al público le gustan no solo las bromas y los personajes nostálgicos, sino también el material nuevo, a veces improvisado, que Martin y Short llevan al escenario. Es la primera vez en todos estos años, dice Martin, que realmente le ha encantado actuar. Él y su viejo amigo tienen un acuerdo: "Tenemos límites mutuos muy similares: ninguno".

Aun después de cinco películas e innumerables tardes juntos, a Short todavía le divierte la combinación de ingenio y necedad de Martin. "Íbamos juntos a una fiesta después de los Óscar y Steve estaba tuiteando; le dije: "¡Vamos! ¿Qué estás haciendo?" Y el acababa de tuitear: "Estoy yendo a la fiesta de Vanity Fair y espero conocer a Cher y así poder tutearla". (La broma, además de ser tonta, es un chiste interno: aún antes de cubrirse de canas en forma prematura, Martin escribió libretos y actuó en el programa de televisión Sonny and Cher Comedy Hour).

Steve Martin cover story

"Todos estos años estuve preocupado pensando que me iba a morir y no me morí. ¿Así que por qué desperdiciar toda esa preocupación?" — ROBERT TRACHTENBERG

Así que este viejo maestro de la reinvención se ha reinventado nuevamente en una comedia que ahora lleva de gira. Pero esta vez parece haber hallado una nueva clase de satisfacción.

MARTIN ES RESERVADO por naturaleza, por lo que hablar con él no es fácil, y él no hace nada para facilitar la tarea. Cuando me reuní con él en el teatro Louisville Palace en marzo, durante su gira con Evening You Will Forget, evitó la cómoda "sala verde" reservada para los artistas. En cambio, insistiendo en que le gusta la tranquilidad, me hizo subir varios pisos por una escalera hasta un desván pequeño y desnudo, tan cálido como una sala de interrogatorios de la policía. Yo estaba sin aliento, pero él, a los 71 años, estaba bien. Martin tiene prácticamente el mismo aspecto que hace 30 años —"el encanto", dice Short, "de parecer de 70 a los 30"—. Alto y delgado, Martin se mueve como un hombre mucho más joven. "Hago ejercicio, pero suave", dice. "Me subo a la trotadora y escucho una novela o miro televisión. Levanto pesas, pero solo para el pecho y los brazos". El hecho de tener una esposa más joven y una hija que aún está en la guardería infantil —su primer descendiente—, es una responsabilidad y un placer para Martin. "Lo hago por mí", dice, "pero también lo hago por ellas". Uno percibe que estaba más que listo para la paternidad, ya que escribió no uno sino dos libros para niños antes de que naciera su hija.

Actuar siempre fue estresante, recuerda. El recuerdo de los días de monólogos cómicos lo hace temblar. "Actuaba en clubes. Y los clubes son sórdidos, y hay vino barato y conversación y ruido".

En su juventud también tenía ataques de pánico y sufría de hipocondría. Pero en los últimos años esos problemas han desaparecido. Como dice a manera de broma: "Todos estos años estuve preocupado pensando que me iba a morir y no me morí. ¿Así que por qué desperdiciar toda esa preocupación?" Muchos de nosotros nos volvemos más ansiosos con los años. Martin fue en la dirección opuesta. "Y, ¿sabes? Uno ciertamente se vuelve más sabio si realmente mira y escucha", agrega.

Mientras transitaba el camino hacia la sabiduría, también coleccionó premios: todo, desde un Emmy por sus escritos para televisión hasta varios Grammy por sus álbumes de música y comedia, hasta los Honores del Kennedy Center por ser, bueno, Steve Martin. Sus escritos, a menudo humorísticos, se publicaron en la revista New Yorker y su musical se presentó en Broadway. Además, se ha convertido en un serio coleccionista de arte y también se destaca en esa actividad. En realidad, puede mover los mercados. Desde que apoyó al pintor canadiense Lawren Harris trabajando conjuntamente con él en una exhibición que recorrió Estados Unidos, los precios de las obras del artista han llegado a las nubes. Martin mismo vendió una vez una pintura de Edward Hopper por casi $27 millones. Vende las obras, dice, para poder comprar más arte.

Retrato de Steve Martin

“A menudo, cuando estoy parado en el escenario, creo que estoy tratando de captar la atención de mi padre". — ROBERT TRACHTENBERG

"NACÍ negro y pobre". Así comienza una de las muchas frases de Martin dignas de convertirse en meme, y con ella abre su primer papel importante en el cine en la película The Jerk. Por supuesto, es un chiste: él no nació negro ni en una familia pobre. La familia Martin, de Waco, Texas, era una familia de clase media. Su padre quería ser actor, así que cuando Martin tenía 5 años, la familia —Martin, su hermana mayor y sus padres— se mudó a Hollywood. Los planes de ser actor no prosperaron para Glenn, el padre de Martin, quien se dedicó al mercado inmobiliario y pareció desquitarse la frustración en su hijo, a quien ignoraba y criticaba alternativamente.

Martin quería salir de la casa y consiguió su primer trabajo a los 10 años vendiendo guías en Disneyland. Se sintió atraído por la tienda Merlin's Magic en Fantasyland, donde aprendió trucos como "una manera de subir al escenario sin tener que sentarme a escribir un acto", dice. En la universidad se concentró por un tiempo en filosofía, lo que no debería extrañar a los fanáticos de su comedia estrafalariamente cerebral. Martin desarrolló su personalidad escénica con el objetivo de hacer un tipo de comedia donde no hubiera un remate al final del chiste, que la audiencia no tuviera forma de liberar la tensión de la broma. Esto crea un cierto absurdo que hace reír por motivos que no son definibles.

Si bien ha sido aclamado como un genio de la comedia —Comedy Central lo ubicó en sexto lugar en la lista de los 100 artistas más grandes de monólogos cómicos de todos los tiempos, encabezada por Richard Pryor— Martin dice que su éxito no provino de un talento innato sino del esfuerzo tenaz y de perfeccionar el material noche tras noche. "Siempre divido el mundo entre la gente como Picasso u Oscar Wilde, que parecen haber nacido con talento, y el resto de nosotros, que trabajamos en lo que hacemos", dice. "Para mí, no fue un regalo. Fue trabajo".

A medida que la fama de Martin creció, su madre disfrutaba de su éxito. Cuenta él que una vez, cuando iban en automóvil por Beverly Hills, ella le dijo: "Bájate y camina por la calle así puedo ver cómo te mira la gente". Pero el padre de Martin simplemente no lo consideraba divertido. Luego de asistir al estreno de The Jerk, Glenn comentó: "Bueno, no es ningún Charlie Chaplin".

Fue recién en la década de los 90, cuando Martin escribió su primera obra larga, que su padre se convirtió en un admirador, quizás porque como él no era escritor no se sintió amenazado por el éxito de su hijo. "Él estaba muy orgulloso de la obra "Picasso at the Lapin Agile", dice Martin. Hace una pausa y sonríe con tristeza. "Si mi padre hubiera dicho '¡Oh, todo lo que haces es simplemente fantástico!', ¿me hubiera convertido yo en un artista? A menudo cuando estoy parado en el escenario, creo que estoy tratando de captar la atención de mi padre".

Hasta los 40 años, Martin salió con una variada lista de actrices y artistas, entre las que contaron Bernadette Peters, la fallecida Carrie Fisher y la artista Cindy Sherman. En 1986 se casó con la actriz Victoria Tennant, que trabajó con él en L.A. Story; se divorciaron unos ocho años después. Martin conoció a su esposa actual, Anne Stringfield, a mediados de la década del 2000, cuando ella estaba encargada de verificación de datos en la revista New Yorker y le asignaron la verificación de los datos de una de sus comedias. "Hablamos por teléfono por un año antes de conocernos en persona", dice Martin. Stringfield es la clase de belleza con piel de alabastro y estructura corporal pequeña que Wordsworth debe haber tenido en mente cuando escribió eso de "la violeta junto a la piedra musgosa": nada que llame la atención inmediatamente, pero después no puedes apartar los ojos. Además, dicen los amigos, en el primer encuentro es muy tímida, algo que quizás le resultó familiar a Martin. Como una persona introvertida que de todos modos fue famosa, él era quien estaba acostumbrado a que lo hicieran hablar; tal vez le resultó intrigante que con Stringfield era él quien tenía que encargarse de hacer hablar a otra persona.

Martin y Stringfield se casaron en el 2007 y ahora tienen una hija de 4 años. Tener un hijo a los 71 años es "fantástico", dice Martin. "Creo que si hubiera tenido un hijo antes, hubiera sido un padre terrible porque habría colocado equivocadamente mi atención en mi carrera". Está decidido a no cometer los mismos errores que cometió su padre, si bien el idioma meloso del amor paterno no le sale con facilidad. "Soy muy frontal con ella, y eso es muy bueno", dice con cuidado. "Me da muchísimo más de lo que yo le doy a ella".

Él ya no es tímido, dice, pero tampoco es alguien que dé una bienvenida efusiva fingida, lo que hace que mucha gente piense que es una persona fría y reservada. "La gente decía que Johnny Carson era frío y reservado", dice Martin. "Yo lo conocí. No era frío y reservado, era normal". Como Carson, "yo no me hago amigo en forma instantánea".

Pero el círculo de amigos de Martin es grande, leal y duradero. Él y su esposa son famosos por las vibrantes cenas que ofrecen, donde mezclan viejos amigos con luminarias del arte, la literatura, la música y el teatro, como Lorne Michaels, Sean Connery y Eric Fischl. "Él reúne a gente a quien de verdad le gusta hablar" —dice un amigo— "porque no quiere ni necesita ser el centro de atención todo el tiempo". Otra amiga recuerda una fiesta en la que Dwight Yoakam y Martin hicieron una improvisación. "La música lo transporta, y cuando toca se transforma en su ser más auténtico", dice.

A la pregunta de cómo describe su vida ahora, Martin responde sin vacilar: "Feliz, muy feliz. Quiero decir, es realmente una forma perfecta de vida. A excepción de las partes difíciles al comienzo, la desarmonía, el pánico, el dolor, con momentos ocasionales de gran afecto y éxito en la comedia". Dice que le llevó un tiempo entender que la fama no hace exitoso a nadie. No como ser humano, no de una forma real. Desde esa lección, dice, "ha sido una suave cuesta arriba hacia una felicidad real, muy real".

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