No se logran hazañas como Extremely Loud and Incredibly Close sin actuaciones casi milagrosas. Hanks es, por supuesto, Hanks, y decir eso es suficiente. En el papel de la mamá de Oskar, vemos a Sandra Bullock a través de los ojos del niño como siempre ceñuda y absorta en sí misma tras el fallecimiento de su esposo. Sólo hacia el final se nos caen las vendas de los ojos y nos damos cuenta del asombroso valor de su personaje, el don sereno con que cuida a su hijo, y Bullock demuestra de nuevo que es una actriz muy conmovedora. Lo mejor de todo es Max von Sydow como un anciano mudo y misterioso que acompaña a Oskar en su viaje de descubrimiento. Atormentado, impetuoso y travieso, posee muchas cualidades juveniles que carece Oskar, y con el tiempo algunas, en efecto, se le pegan al niño.
Como Oskar, Thomas Horn se une a la larga lista de jóvenes actores de quienes nos preguntamos qué les pasará. Esta es la primera vez que interpreta un papel cinematográfico, y parece estar muy a gusto haciéndolo. Es tan maravillosamente natural, tan asombrosamente vulnerable, que dan ganas de envolverlo en plástico de burbuja antes de que el aparato asesinado de niños de Hollywood se apodere de él.
Necesité ver de nuevo esta película para recordar que muchos de los valores que apreciamos se sembraron en algún momento de nuestra niñez, cuando el mundo era sumamente grande y nos atemorizaba increíblemente.
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