"La cancionera de los pobres"
Lydia Mendoza aprendió a tocar la guitarra en un instrumento que creó con bandas elásticas y madera laminada. Memorizaba las letras de las canciones, que en ese entonces estaban impresas en las envolturas de la goma de mascar, y luego aprendió las melodías escuchando a músicos itinerantes. Nacida en Houston en 1916, “la cancionera de los pobres” viajaba con sus padres entre Monterrey, México, y los campos de la región norcentral de EE. UU. Pero pronto descubrieron que ganaban más tocando música que recolectando remolachas.
Un conductor de un programa de radio descubrió a Mendoza cuando ella tenía 18 años y cantaba a cambio de propinas con su familia en la concurrida Plaza del Zacate de San Antonio. Después grabó los discos que la hicieron internacionalmente famosa —“El tango negro” y “Amor bonito”, entre ellos— y vivió lo suficiente como para cantar durante la inauguración del presidente Jimmy Carter y, en 1999, recibir la National Medal of Arts de manos del presidente Bill Clinton.
“Vi a Lydia cuando yo era una niña, en 1953”, comenta Rosa Canales Pérez, de 62 años de edad, que dejó de enseñar a los 51 años y formó una banda que toca clásicos del sur de Texas, así como también sus propias composiciones. “Se paró delante de las cortinas rojas y tocó un solo. Tocó la guitarra de 12 cuerdas, que es mi instrumento. Mi segundo nombre es Lydia, así que yo estaba fascinada con ella”.
Las mujeres de esa época fueron pioneras, dice Canales Pérez. “La música tejana, hasta la actualidad, es más bien un mundo de hombres”.
El marido de Mendoza, que arreglaba zapatos por $7 dólares a la semana en la década de 1940, quería que ella terminara su carrera, hasta que se dio cuenta de que el dinero que ella ganaba les permitiría comprar un auto. Su familia política nunca aprobó que cantara en público, dijo Mendoza durante la grabación de una entrevista sobre su vida.
Las populares canciones tejanas de la época de Mendoza fueron escritas y cantadas desde el punto de vista masculino, y a menudo se trataban de mujeres que engañaban a los hombres, recuerda Clemencia Zapata, 56, de Austin, cantante y baterista de la banda Conjunto Aztlan. “Y entonces apareció Lydia con ‘Mal hombre’”, comenta Zapata, rasgueando una guitarra imaginaria y cantando las primeras líneas. “Agarró una industria dominada por los hombres y la tomó por las astas. Ella dijo, ‘Yo también tengo una vida. Vale la pena hablar de mis experiencias’. Decía la verdad, desde su corazón”.
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