Domingo comenzó su carrera como barítono. Luego, por consejo de un colega, pasó a ser tenor y pronto cobró renombre por sus interpretaciones en Tosca, Carmen, Otelo y otras obras. A principios de los '70, comenzó a hacer carrera como director de orquesta y, al poco tiempo, comenzó a incursionar en la música popular, grabando duetos con artistas de la talla de John Denver. Pero no alcanzó el estatus de superestrella hasta la década del 90, cuando se unió a Luciano Pavarotti y José Carreras para conformar Los Tres Tenores. Sus impresionantemente exitosas interpretaciones aumentaron la exposición de la ópera en todo el mundo. Ahora, con la muerte de Pavarotti y Carrera en su ocaso profesional, Domingo ocupa, sin gran esfuerzo, el punto más elevado en el firmamento de la ópera.
Ha aprovechado su fama para animar a cantantes prometedores y para presentar la ópera a audiencias jóvenes. Instauró Operalia —un concurso anual para jóvenes intérpretes— y dirige programas para artistas jóvenes en las óperas de Washington, D.C. y Los Ángeles. "Nos preocupa [atraer a la gente joven hacia la ópera] —dice— y estamos haciendo algo al respecto". Como ejemplo, cita las obras completas para niños presentadas en el Los Angeles Opera.
Domingo ha estado, además, involucrado en la recolección de dinero para ayudar a las víctimas de desastres naturales en México y Perú, y, actualmente, es, entre otras cosas, vocero de Hear the World, una iniciativa centrada en la pérdida de la audición.
Cómo elige en qué hacer beneficencia? "Todo es importante —dice—, y uno tiene que elegir aquello que no es necesariamente lo más obvio, cosas que podrían tocarle a uno. Uno ve una tragedia increíble y reacciona de inmediato".
Pero no es que a este dínamo humano no le guste relajarse. En sus vacaciones —para Navidad y en agosto—, se escapa a su casa en Acapulco, donde pasa el tiempo con quien ha sido su esposa por 46 años, Marta Ornelas, y sus hijos Plácido Jr., de 42 años, compositor, y Alvaro, de 39, cineasta, que también se ocupa de concertar las presentaciones de su padre en Latinoamérica. José, un empresario de 50 años de edad, nacido de un matrimonio de poca duración, cuando Domingo era un adolescente, también se suma al clan familiar. Mirar televisión, ir al cine y al teatro, y los eventos deportivos como el fútbol, las carreras de Formula Uno y el tenis son los pasatiempos favoritos de Domingo para relajarse.












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