Ritmo y elegancia

10 joyas del jazz latino

El Latin Jazz continúa desatando pasiones, aun en el nuevo milenio.

Dizzy Gillespie con Chano Pozo

Manteca
Era inevitable que la presencia de talentosos músicos cubanos en Nueva York durante las décadas del 40 y 50 tuviera una profunda influencia en el jazz. En 1947, el trompetista Dizzy Gillespie colaboró con el conguero cubano Chano Pozo para la creación de Manteca, tema que marca el nacimiento del jazz latino al combinar una sección de vientos típicamente jazzera con el pegajoso sonido de los tambores afrocubanos. Quién sabe las maravillas que Pozo podría haber contribuido al género si no hubiera sido asesinado en 1948, víctima de una fallida compra de drogas. Desde entonces, Manteca ha sido interpretada centenares de veces por casi todas las estrellas del Latin Jazz.

Gillespie, Bettmann/Corbis, y Pozo, Allan Grant//Time Life Pictures/Getty Images

Machito

Tanga
Proveniente de Cuba, el cantante y director de orquesta Frank Grillo fue una presencia monumental dentro de la música afrocaribeña. Acompañado de su hermana, la inefable vocalista Graciela, y su cuñado, el genial Mario Bauzá como arreglista, Machito participó en el desarrollo tanto de la música tropical bailable (mambo, guaracha, cha cha chá) como el jazz latino. Grabada originalmente a fines de los años 40, Tanga es tan importante como Manteca en su intención de fusionar jazz con ritmos cubanos. Curiosamente, la mejor versión de Tanga fue grabada por el mismo Machito en el apogeo de su carrera, en 1963, para el disco Yo Soy La Rumba.

 

Frans Schellekens/Redferns/Getty Images

Eddie Palmieri

Chocolate Ice Cream
Nacido en Nueva York de origen puertorriqueño, Eddie Palmieri creció escuchando discos de jazz y música cubana, inspirado por el virtuosismo técnico de su hermano, el también pianista Charlie Palmieri. Se recuerda a Eddie principalmente por su fabulosa contribución a la salsa, con temas legendarios como Azúcar y Vámonos Pa'l Monte. Pero su música estuvo siempre empapada de jazz, más aún en las varias grabaciones que Palmieri le dedicó al género. Un intelectual de la música, el tecladista estudió concienzudamente las leyes precisas de la improvisación y la emoción que generan en el escucha los ritmos latinos. Proveniente del disco Superimposition de 1970, Chocolate Ice Cream es uno de los instrumentales más exquisitos de su carrera —tan delicioso como el helado de chocolate que inspiró su nombre—.

Ebet Roberts/Getty Images

Antonio Carlos Jobim

Wave
El arquitecto de la bossa nova, Antonio Carlos Jobim creció influenciado por el impresionismo francés, el jazz y la samba de su Brasil natal. Por momentos, la bossa fue una aproximación increíblemente sofisticada a la canción popular. En otros, como en Wave, de 1967, fue puro jazz, desarrollando una vertiente de jazz brasileño que continúa siendo trabajada por jóvenes artistas. Wave fue un éxito internacional, y una versión con letra fue cantada por el mismo Frank Sinatra. En manos de Jobim, el jazz es un vehículo melancólico, perfecto para los recuerdos y la nostalgia. Jobim falleció en 1994, creador de uno de los legados musicales más perdurables del siglo XX.

Michael Ochs Archives/Getty Images

Mongo Santamaría

Afro Blue
El cliché del jazz latino sería pensar en estallidos de trompetas y frenéticos golpes de tambor. Pero ésa es tan sólo una parte de la ecuación. El casamiento de jazz con Latinoamérica ha resultado también en una serie de melodías sinuosas y atmósferas cautivantes. Como Afro Blue, composición fantasmagórica del conguero cubano Mongo Santamaría. A través del éxito de Watermelon Man y su habilidad para asimilar las corrientes del funk, el boogaloo y el Latin Soul, Santamaría conoció el éxito comercial en Estados Unidos. Afro Blue muestra su lado más artístico, capaz de sintetizar el encanto del espíritu afrocubano. El mismo Santamaría la grabó con el grupo del vibrafonista Cal Tjader. Los puristas del jazz recordarán la versión de John Coltrane. Un tema para la historia.

Walter Iooss Jr./Getty Images

Gato Barbieri

Last Tango in Paris
El jazz latino se nutre principalmente del Caribe y Brasil. Pero existe también otra vertiente, cultivada por los jazzeros sudamericanos. Como Gato Barbieri, que en los años 70 conoció la fama creando un híbrido fascinante de jazz progresivo con formatos folklóricos, tango y texturas orquestales. Desde entonces, muchos músicos jóvenes han continuado su cruzada estética. Barbieri, saxofonista tenor de una expresividad apasionada, fue contratado por el director Bernardo Bertolucci para escribir la banda sonora de la escandalosa película El 'ultimo tango en París, en 1972. El tema principal derrite los sentidos con una melodía que es casi insoportablemente melancólica. Desde entonces, el tango y el jazz se juntaron muchas veces, pero nunca tan poéticamente como en manos de Barbieri.

Kira Horvath/Star Ledger/Corbis

Cal Tjader

Soul Sauce
Murió a los 56 años, pero dejó un magnífico legado musical con más de 50 discos en su haber, todos de una impecable calidad artística. Y las paradojas no terminan ahí: Callen Radcliffe Tjader era un estadounidense de orígen sueco, nacido en el estado de Missouri. Pero entendía el swing de la música afrocaribeña como si fuera un cubano. Su exquisita discografía como vibrafonista, timbalero y director musical incluye trabajos de jazz puro, colaboraciones con cantantes y un acercamiento al jazz latino que enfatiza la elegancia y la presencia de talentosos percusionistas. Grabó dos suntuosos discos con Eddie Palmieri y conoció el éxito a través de tonadas pegadizas como Soul Sauce. Inolvidable.

Tom Copi/Michael Ochs Archives/Getty Images

Tito Puente

Call of the Jungle Birds
Se lo conoce como un músico de la tan llamada "salsa" —término que él mismo aborrecía—. Pero el gran Tito Puente era, en realidad, un apasionado de dos géneros: el jazz y la música cubana. Lógicamente, uno de los primeros innovadores del Latin jazz, explorando las múltiples posibilidades del género a través de sus más de 100 discos. Quizás su obra maestra de todos los tiempos sea Tambó, de 1960, vibrante experimento de percusión afrocubana y afiebrados climas jazzeros—. Una composición del pianista Gilberto López, Call of the Jungle Birds muestra el talento de Puente para dejar los timbales de lado y abrirle espacio a las sonoridades —tanto rítmicas como melódicas— necesarias para que la música sea protagonista absoluta. Durante toda su carrera, Puente alternó entre conciertos de jazz y bailes tropicales.

David Redfern/Redferns/Getty Images

Eliane Elias

Take Five
No es fácil el arte de Eliane Elias. Proveniente de Sao Paulo, la pianista y cantante brasileña toca música suave, sutil y sensual. En otras manos, el mismo estilo se transformaría en música para supermercados y ascensores. Pero Elias tiene un gusto irreprochable y el virtuosismo de su piano aparece cuando tiene que aparecer. Durante su adolescencia, trabajó con Toquinho y el poeta de la bossa nova, Vinicius de Moraes. Trasladarse a Estados Unidos le permitió desarrollar una carrera fructífera en el jazz latino, con docenas de discos que enfatizan las melodías de la samba, el jazz y la bossa. Un ejemplo perfecto de sus habilidades es esta flamante versión vocal de la archiconocida Take Five de Dave Brubeck. Elias la reviste de terciopelo.

Israel Sanchez/epa/Corbis

Irakere

Claudia
Durante la década del 70, cuando la música popular experimentaba una intensa renovación a nivel internacional, Cuba dio luz a un grupo que alimentaría al Latin jazz de maneras inesperadas. El grupo se llama Irakere, y buscaba innovar con una fusión cerebral de jazz con rock y raíces cubanas. De él surgieron maestros del género como el tecladista (y director de la banda) Chucho Valdés, el trompetista Arturo Sandoval y el saxofonista Paquito D'Rivera. Toda una escuela musical. Irakere triunfó porque dentro de su experimentalismo, cultivó un amor profundo por los valores duraderos del buen jazz: el bolero instrumental Claudia, con dejos de teclados electrónicos y una hermosa melodía, ejemplifica el talento del jazz latino para continuar evolucionando a través de las décadas.

David Redfern/Redferns/Getty Images

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El virtuosismo y la expresividad del jazz estadounidense han inspirado a varias generaciones de músicos latinoamericanos. A través de las décadas y comenzando en los años 40, el jazz tradicional se unió con los vibrantes ritmos afrocubanos, las cadenciosas melodías del Brasil y la magia del folklore sudamericano. Esta selección de diez temas imprescindibles celebra a los creadores más famosos de un género que continúa cosechando adeptos, aun en el nuevo milenio: el Latin Jazz.

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