Sonidos eternos

Diez clásicos de la salsa

Celia Cruz, Rubén Blades, Eddie Palmieri y otros maestros del género.

Ritmo universal

La salsa es universal. Su ritmo sinuoso hace bailar a todo el mundo. Y su estética —esa mezcla tan suntuosa de jazz con ritmos tropicales, soneos poderosos y coros que invitan a tararear— seduce irreparablemente. El género urbano conocido como salsa no debe confundirse con la música tradicional cubana. En el caso de la salsa, formatos bailables de Cuba como la guaracha, el mambo y el chachachá fueron exportados a Nueva York, adoptados por la comunidad latina de la gran ciudad, mezclados con géneros estadounidenses como el jazz, R&B y funk, y de ahí trasladados a Puerto Rico y Sudamérica. He aquí diez canciones representativas de un movimiento musical inagotable —e insospechadamente profundo.

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Eddie Palmieri, 'Azúcar'

Nació en Nueva York, hijo de padres puertorriqueños. Comenzó estudiando timbales, pero después trasladó su amor por la percusión al piano, instrumento con el que cambió la historia de la salsa. Eddie Palmieri es una figura casi mitológica dentro de la música tropical —mago, intelectual, matemático, pionero, rebelde. Azúcar es uno de sus mejores momentos: nueve minutos de pura melaza, la primera vez que un pianista toca el tumbao con una mano mientras improvisa una melodía con la otra. Lo acompaña su primer conjunto, La Perfecta, con la voz recia del cantante Ismael Quintana.  Cuenta Palmieri que Azúcar causó sensación entre los bailarines del club nocturno Palladium, en Nueva York. Antes de grabarlo en 1965, ya era un éxito. Hoy, sigue siendo uno de los momentos más electrizantes del género.

Redferns

Oscar D’León, 'Llorarás'

En el bajista, compositor, cantante y showman Oscar D’León, Venezuela encontró a su máximo exponente salsero —un autodidacta empedernido que asimiló las mejores lecciones de los clásicos cubanos (Beny Moré, Celia Cruz, Orquesta Aragón), creando versiones modernas que a veces superan a las originales con su swing desenfrenado. Grabado en 1975 junto al grupo La Dimensión Latina antes de despegar internacionalmente como solista, Llorarás era un tema que D’León pensaba descartar. Terminó siendo su caballito de batalla, protagonista principal de los conciertos en que Oscar derrocha carisma y energía, interpretando docenas de temas salsosos con un frenesí que parece no tener fin. D’León es uno de los pocos intérpretes de la salsa clásica que continúa ofreciendo recitales tan emocionantes como los de décadas pasadas. Una leyenda.

Lionel Flusin/Gamma-Rapho/Getty Images

Joe Arroyo, 'Rebelión'

Compositor prolífico y cantante de un talento descomunal, Joe Arroyo es la figura más emblemática de la salsa colombiana. Comenzó su carrera de adolescente, cantando en los burdeles de su Cartagena natal. Descubierto por la prestigiosa compañía Discos Fuentes, fue invitado a ser el vocalista principal del supergrupo Fruko y sus Tesos. Ahí empieza la seguidilla de éxitos, que continúa cuando el Joe se lanza como solista e inventa un estilo propio: el joe-son, amalgama de estilos caribeños como la cumbia, el calypso y el compás. Su voz es poderosa, influenciada por la pasión de James Brown y Bob Marley. En 1989,  con Rebelión crea un momento apocalíptico —una salsa volcánica, irresistible en la pista de baile, pero también cargada de dolor por el maltrato de los esclavos negros en manos de los españoles. “El Joe”, como lo conocen sus admiradores, ha sobrevivido una serie de implacables tragedias personales, y sin embargo continúa creando música empapada de alegría.

Cortesía Miami Records/Discos Fuentes

Celia Cruz (con Ray Barretto y Adalberto Santiago), 'Nadie Se Salva De La Rumba'

La inigualable “Reina de la Salsa”, Celia Cruz participó activamente en la evolución misma del género tropical, agregándole azúcar a la música bailable desde los años 50 hasta el comienzo del nuevo milenio. Conoció el estrellato de jovencita, con la espléndida Sonora Matancera de su Cuba natal. En los años 60 grabó discos de una musicalidad exquisita en México y después se trasladó a Nueva York, donde colaboró con Tito Puente, Johnny Pacheco, Willie Colón y salió de gira por todo el mundo con la Fania All Stars. Grabada en colaboración con el conguero y director de orquesta Ray Barretto y el vocalista Adalberto Santiago, Nadie Se Salva De La Rumba proviene del LP de 1983 Tremendo Trío. Irónicamente, Celia es recordada mayormente por sólo algunos de sus éxitos —Químbara o La Vida Es Un Carnaval. Sin embargo, su discografía incluye centenares, literalmente, de momentos gloriosos.

Kevin Mazur/WireImage/Getty Images

Tito Puente (con Tony Vega), 'Déjame Soñar'

“Salsa es lo que le pongo a mis espaguetis”, decía Tito Puente cada vez que le preguntaban por el sonido cadencioso que él prefería llamar “música cubana”. Nacido en Nueva York de origen puertorriqueño, Puente fue un director de orquesta riguroso, influenciado igualmente por el jazz clásico de los 40 y 50 y los ritmos cubanos que emigraron a la gran ciudad a través de músicos como Mongo Santamaría y Machito. Comenzó brillando en el apogeo del mambo y el chachachá, y en sucesivas décadas adoptó las modas musicales del momento, interpretando bossa novas, boogaloos y después, claro, la salsa urbana de los 70 y 80. Proveniente de su LP número 100, editado en 1991, Déjame Soñar es una salsa diseñada con el bailador en mente. La interpretación del cantante boricua Tony Vega complementa a la perfección el estilo agresivo de Puente para combinar los ritmos de la percusión con el electrizante poderío de la sección de vientos.

Redferns

Héctor Lavoe, 'El Cantante'

Murió en 1993, a los 46 años, con el corazón roto y el cuerpo deshecho por las drogas. Pero cambió la salsa para siempre, estableciendo un antes y después en el género y cultivando una imagen indeleble del cantor tropical como estrella de rock. El Cantante es su mejor momento, una canción de 10 minutos compuesta por el panameño Rubén Blades y producida por su inigualable socio creativo, el trombonista, compositor y cantante Willie Colón. Fue justamente Colón el que decidió contratar una sección de cuerdas para agregarle un toque de majestuosidad a la melancólica apología de un cantante famoso que comparte con sus fanáticos las alegrías y tristezas de la vida. Héctor la interpretó con su incomparable sabor, trascendiendo los límites de la “música bailable” para crear un himno de la cultura latinoamericana. El Cantante apareció en el LP de 1978 Comedia, reflejando la plenitud artística de un cantante que brilló como una estrella fugaz.

Joe Conzo/Retna

Rubén Blades (con Willie Colón), 'Pedro Navaja'

Antes de Rubén Blades, faltaba en la música tropical un trovador que escribiera letras con la poesía de un Silvio Rodríguez o un Joan Manuel Serrat. Proveniente de Panamá y educado en Harvard, Blades supo fusionar el swing callejero de soneros como Ismael Rivera y Cheo Feliciano con una visión intelectual y hambrienta de justicia sociopolítica. Colaborando inicialmente con Willie Colón, cambió el rumbo de la salsa en 1978 con Siembra, un disco rebosante de lirismo, sentido del humor y calidez —que también se puede bailar, claro. Pedro Navaja resume en siete minutos la narrativa urbana de Nueva York en los 70, un mundo de prostitutas y maleantes, donde la impunidad y el sinsentido acechan a la vuelta de la esquina. Los ejecutivos de la Fania creyeron que tenía un fracaso en sus manos. Durante décadas, Siembra fue el disco más vendido en la historia de la salsa.

Deborah Feingold/Corbis

El Gran Combo Azuquita, 'Pa’l Café'

Fundado en 1962, El Gran Combo de Puerto Rico se convirtió rápidamente en una institución musical conocida como “la universidad de la salsa”. Bajo la dirección del sutil pianista Raphael Ithier, El Gran Combo representa el estilo puertorriqueño de interpretar la música afrocaribeña: un swing suave y delicado, con acordes de jazz, desarrollando el frenesí bailable de una manera pausada, sugiriendo la elegancia de una pareja que patina sobre hielo. Basándose en los formatos musicales del momento (boleros, boogaloo, salsa romántica), El Combo nunca intentó hacer música que tuviera una trascendencia social; pero en su ligereza y sentido del humor logró crear una enciclopedia de la cultura popular latina. Como en Azuquita Pa’l Café, por ejemplo, irresistible oda a los encantos femeninos, grabada en 1984 y anclada en el piano del maestro Ithier. Grandes cantantes como Andy Montañez y Pellín Rodríguez pasaron por las filas de esta orquesta.

Larry Marano/Retna

Cheo Feliciano, 'Anacaona'

El año era 1971. El cantante puertorriqueño Cheo Feliciano había conocido la fama en Nueva York con la orquesta de Joe Cuba, para después abandonar el negocio de la música y luchar contra una adicción a las drogas que amenazaba con destruirlo. Afortunadamente, la historia de Cheo tiene un final feliz: ese año, ayudado por el compositor boricua Tite Curet Alonso, regresó a los estudios de grabación para crear un LP titulado simplemente Cheo —declaración de independencia y triunfo creativo, apoyado en el sonido del vibráfono que había conocido con Joe Cuba, y uno de los discos más logrados en la historia de la salsa. Cuando canta sobre Anacaona, la princesa india que fue violada y asesinada por los invasores españoles, Cheo canta también sobre sí mismo, expresando su enojo, su anhelo, su desesperación por seguir vivo y comenzar un nuevo capítulo. A su vez, el tema contiene uno de los mejores solos de piano de la música afrocaribeña, cortesía del pianista y productor Larry Harlow.

Andres Leighton/AP

Grupo Niche, 'Ana Milé'

Proveniente de la región del Chocó en Colombia, el compositor Jairo Varela tiene un don especial para expresar con colorido las vivencias de la clase trabajadora de Latinoamérica, revistiendo sus narrativas musicales con coros pegajosos y arreglos de envidiable buen gusto. Acercándose a la sensibilidad de la música pop, Grupo Niche generó docenas de éxitos, logrando que millones de admiradores fuera del género conocieran la salsa. En la década del 80, Varela convenció al cantante puertorriqueño Tito Gómez para que dejara a la célebre Sonora Ponceña y se uniera a Niche. Esta colaboración generó clásicos salsosos como Miserable, Bar y Copas y Buenaventura y Caney. Famosa por su memorable coro (te pintó pajaritos en el aire), Ana Milé, una colaboración de 1985, cuenta la historia de una mujer pobre, seducida y abandonada por un amante cruel. Ejemplo perfecto de la sensibilidad barroca del maestro Varela.

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