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Crisis económica

Propietarios morosos

Muchos han dejado de pagar sus hipotecas y permanecen en los hogares.

A comienzos de la crisis inmobiliaria, las ejecuciones hipotecarias atravesaban el sistema de manera relativamente rápida, tardando unos pocos meses desde el primer aviso de incumplimiento al desalojo. Actualmente, en algunos estados, el proceso puede tardar tres años o más.

En Nueva York, donde vive Martínez, a los bancos les toma un promedio de 858 días ejecutar una hipoteca. Según Herb Blecher, vicepresidente sénior de LPS Applied Analytics, que rastrea información sobre bienes raíces, a ese ritmo, los prestamistas necesitarían 84 años para deshacerse de su inventario. En Nueva Jersey, los propietarios pueden vivir sin pagar la hipoteca un promedio de 728 días mientras los bancos completan el proceso; en Florida, el lapso se extiende a 853 días.

Según la abogada Jacqueline McQuigg, en la castigada área de Las Vegas donde, este año, uno de cada 19 hogares recibió un aviso de ejecución hipotecaria, los prestamistas “comienzan los procesos de ejecución hipotecaria, pero no quieren terminarlos. Eso nunca habría sucedido años atrás”. Sin embargo, ella y otros abogados señalan que a los prestamistas les conviene tener a los propietarios ocupando las viviendas antes que arriesgarse a que las mismas sean afectadas por vándalos, moho y el abandono general que se ve cuando están desocupadas.

Los Segal, ambos en sus cincuenta años, no tienen previsto mudarse. No pueden vender y cancelar la hipoteca. Deben casi $519.000, pero la propiedad vale alrededor de $270.000. Su caso de ejecución hipotecaria está pendiente.

Light, de 80 años, enfrenta un dilema similar. Los $6.000 que pagaba por las hipotecas de ambas viviendas terminaron con sus ahorros. Sin embargo, no quiere vender ya que debe mucho más de lo que valen las propiedades. En marzo, ganó el caso de ejecución hipotecaria contra una de sus casas: se determinó que la documentación del prestamista no estaba en regla. El prestamista puede volver a pedir la ejecución hipotecaria, pero tendría que reiniciarse el proceso.

“En el año 2000, me jubilé en una buena posición y sentía que tenía suficientes bienes como para vivir holgadamente”, cuenta Light. “La crisis inmobiliaria me arruinó. Estoy decidido a permanecer en mi casa y mantenerla, antes que permitir que se deteriore como pasó con cientos de casas por aquí”.

“No estoy tranquilo en relación con este tema”, reconoce, “pero no tengo otro sitio donde ir”.

Carole Fleck es redactora principal de AARP Bulletin.

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