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Cómo hacer asequibles los medicamentos “milagrosos”

Muchos tienen fe en que el Congreso y las empresas farmacéuticas bajen los costos de los llamados medicamentos biológicos

    

 

Fármacos y drogas

Los medicamentos importantes deben ser asequibles. — Sandra Baker/Getty Images

En English| En su lucha contra la artritis reumatoidea, Yvonne Bacarisse se ha sometido a un reemplazo de caderas, rodillas y algunos huesos de los pies; las articulaciones de sus muñecas fueron soldadas; le operaron el codo izquierdo y le soldaron dos vértebras cervicales.

Sin embargo, la cubana estadounidense de 74 años obtuvo una victoria sobre su enfermedad cuando le recetaron Enbrel, un medicamento, entonces revolucionario, que pertenece al tipo de fármacos conocido como biológicos.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, al menos 400.000 hispanos estadounidenses sufren de artritis reumatoidea, y la mayoría de ellos tienen 50 o más años. Los medicamentos biológicos —fabricados a partir de organismos vivos— pueden ayudar a muchas personas que padecen esta y otras enfermedades.

Lamentablemente, su elevado costo puede dejar este tipo de medicamentos tan decisivo para la vida de las personas fuera del alcance de quienes los necesiten o ponerlos, a ellos y a sus familias, en apuros económicos.

A modo de ejemplo, la dosis anual del Herceptin, un fármaco biológico para el tratamiento del cáncer de mama, promedia los $42.000, y el Cerezyme, utilizado para tratar un desorden poco común conocido como enfermedad de Gaucher, cuesta alrededor de $175.000 al año.

El escenario podría estar cambiando. El presidente Barack Obama y algunos miembros del Congreso están respaldando un esfuerzo para acelerar la producción de medicamentos de tipo genérico, más baratos, llamados biosimilares.

 Ellos argumentan que estos productos reducirían la espiral de costos ascendente del cuidado de la salud y ayudaría a quienes tienen dificultades para comprar los medicamentos que necesitan.

El Enbrel evitó que el sistema inmunológico de Bacarisse atacara sus articulaciones, otorgándole mayor movilidad y aliviando el dolor. “Los médicos dijeron que este medicamento llegó demasiado tarde para mí —señala Bacarisse—. [De haberme tratado con Enbrel desde un principio], me podría haber ahorrado mucho sufrimiento y deformidad.

Todos los demás medicamentos eran ligeramente paliativos, pero ineficaces para hacer más lento o detener la evolución de la artritis reumatoidea.”

Algunos de los primeros agentes biológicos fueron las vacunas y el plasma sanguíneo. Los medicamentos biológicos actuales son mucho más sofisticados, como el Enbrel, y sirven para tratar una amplia gama de enfermedades, entre las que se incluye el cáncer, la enfermedad de Crohn y alrededor de otras 20 afecciones crónicas.

Según Kathleen Jaeger, presidente y directora ejecutiva de la Generic Pharmaceutical Association, las terapias biológicas se están tornando cada vez más populares y podrían representar, para el año 2012, la mitad de los nuevos medicamentos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA).

Casi todas las grandes empresas farmacéuticas —y muchas otras más pequeñas— están investigando y probando nuevos fármacos de este tipo con la esperanza de colocarlos en el mercado en los próximos años para tratar más enfermedades.

 Pero producir un medicamento biológico es mucho más complicado que producir una píldora; esto se debe a que los biológicos son desarrollados a través de una tecnología de avanzada llamada “modificación genética”, y pueden descubrir —generalmente con gran precisión— órganos y células afectadas que requieren tratamiento.

Los fabricantes de medicamentos dicen que el enorme costo de investigar y desarrollar estos productos —usualmente administrados mediante inyecciones o infusiones intravenosas en hospitales o consultorios médicos— es lo que los hace tan caros.

Existe un medicamento biológico, aún en fase experimental, que trataría la cardiopatía, afección que, según los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) afecta a aproximadamente un millón de latinos, la mayoría de ellos adultos mayores.

Otro biológico, que actualmente está siendo analizado clínicamente, serviría para tratar la enfermedad de Alzheimer, al atacar la raíz del problema.

 Si resultaran exitosos, representarían un gran avance médico que podría ayudar a unos 200.000 latinos que padecen esta última enfermedad.

¿Quién va a pagar?

Medicare y seguros privados pagaron la mayor parte del costo del Enbrel de Bacarisse, que, en su caso, promedia los $19.000 anuales. Otros no son tan afortunados.

A veces, las compañías aseguradoras evitan pagar por biológicos, argumentando que su uso para combatir ciertas enfermedades es experimental, y muchos pacientes tienen problemas incluso para afrontar los copagos, que pueden superar los $100 por dosis.

El alto costo de los copagos preocupa a Aimee Busquet. Debido a la artritis, sus caderas, hombro derecho y mandíbulas fueron reemplazados por sendas prótesis que le implantaron antes de que le recetaran Enbrel y otro biológico llamado Remicade.  

Estos medicamentos han hecho un “trabajo notable” contra la artritis, afirma, pero los $350 mensuales que abona de copago restringe el presupuesto de la familia y podría tornarse insostenible si ella o su marido perdieran su empleo.

 “Lo llamamos ‘el pago del automóvil’, porque con lo que cuestan mis medicamentos podríamos pagar la cuota de un auto nuevo”, cuenta la residente de Atlanta, de ascendencia cubana.

A los 45 años, Busquet no califica para Medicare, pero para quienes sí lo hacen, el beneficio de medicamentos recetados del programa cubre la mayoría de los fármacos biológicos.

Sin embargo, esa buena noticia es, por lo general, contrarrestada por la fase de ausencia de cobertura conocida como “doughnut hole”, un problema inherente para muchos usuarios del programa.

Bajo el beneficio de medicamentos recetados de Medicare, los pacientes cuyas medicaciones cuesten más de $2.700 al año —un monto alcanzado rápidamente por quienes dependen de biológicos caros— deben pagar el costo completo de sus medicamentos hasta sobrepasar los $6.153.

En ese momento, los beneficiarios del programa pasan a ser automáticamente elegibles para lo que se denomina cobertura “catastrófica” de medicamentos, y tendrán cubierto el 95% del costo de su medicación durante el resto del año.

Programas que pueden ayudar


¿Qué sucede con quienes no tienen cobertura? La mayoría ve excedidas sus posibilidades económicas en el mercado de los medicamentos biológicos. Ese escenario podría cambiar.

Los fabricantes de medicamentos dicen haber hecho grandes esfuerzos para mantener estos productos asequibles. Y hace poco acordaron bajar los costos de sus productos en $80.000 millones durante diez años, al otorgarles a quienes caigan en la fase de ausencia de cobertura descuentos del 50% sobre los precios de los medicamentos de marca, incluyendo los biológicos.

Sin embargo, lo acordado sólo entraría en vigor —en julio de 2010— si el Congreso aprobara una amplia reforma del sistema de salud, y todavía no hay consenso en el Congreso para aceptar semejante trato.

Las compañías farmacéuticas también ofrecen programas de asistencia al paciente que cubren los copagos y, en algunos casos, proveen el medicamento sin cargo o con descuentos.

Con frecuencia, los médicos ayudan a sus pacientes a ingresar en estos programas. Sin embargo, como los biológicos son administrados a menudo en los consultorios médicos y cubiertos por Medicare Parte B, las leyes federales prohíben otorgar descuentos a muchos pacientes de Medicare.

Otras empresas no cuentan con la aprobación necesaria para proveer sus productos con descuentos bajo la órbita de Medicare parte D, el plan para medicamentos recetados del programa.

Pero algunas fundaciones, entre las que se incluye HealthWell Foundation, con sede en  Gaithersburg, Maryland, no enfrentan esas restricciones para ayudar a los pacientes de Medicare.

Desde que se inició, en 2003, HealthWell ha ayudado a más de 59.000 pacientes que padecían 20 enfermedades crónicas o que acarreaban riesgo de muerte.

La fundación ayuda a pacientes de ingresos bajos y moderados beneficiarios de Medicare, Medicaid o de seguros privados con los copagos y otros gastos, incluyendo primas de seguro para quienes se encuentran en peligro de perder su cobertura por razones de costos.

Según un funcionario de la fundación, un gran porcentaje de quienes están buscando ayuda son pacientes elegibles para Medicare.

Otros pacientes de Medicare pueden obtener ayuda para pagar sus medicamentos biológicos a través de programas de descuentos farmacéuticos. A modo de ejemplo, CVS Caremark, ayuda a los solicitantes que califiquen para ello; Genentech, que fabrica el Herceptin y el Avastin, un medicamento oncológico, ayuda a los pacientes sólo si el asegurador se niega a pagar alguno de sus remedios.

 Ed Lang, vocero de Genentech, señala que su empresa ha entregado, desde 1985, más de $1.333 millones en medicamentos. En realidad, la mayoría de las compañías farmacéuticas, incluyendo Abbott Laboratories, Amgen, AstraZeneca, Bristol-Myers Squibb y Wyeth tienen programas de asistencia al paciente.

No obstante, algunos sostienen que, aun así, el precio de los medicamentos genéricos tiene que bajar. Un escollo: la actual legislación federal que contempla las copias genéricas, más baratas, de medicamentos populares no aplica a los biológicos.

Henry Waxman, representante demócrata por el estado de California que preside el House Energy and Commerce Committee de la Cámara de Representantes, y el senador Charles Schumer, demócrata por el estado de Nueva York, presentaron recientemente proyectos de ley que acelerarían la aprobación de biosimilares por parte de la FDA, y pondrían fin al período de mercadeo exclusivo que hoy disfrutan los fabricantes de medicamentos biológicos.

Pero el Health, Education, Labor, and Pensions Committee (HELP, por sus siglas en inglés) acordó, a mediados de julio, un período de exclusividad de 12 años para los biológicos. AARP está a favor de un período de mercadeo exclusivo mucho más corto —posiblemente, de entre cinco y siete años— antes de que los biosimilares puedan ponerse a la venta, argumentando que permitiría al consumidor acceder más tempranamente a estos productos capaces de salvar vidas.

Sin embargo, Lang dice que tomará años de investigación científica producir biosimilares que sean seguros. “Un biosimilar nunca será exactamente igual al medicamento original; incluso, pequeñas variaciones en la manera en que sea fabricado podrían cambiar la forma en que el producto actúe en el organismo de una persona”, expresó.

Y Ken Johnson, vicepresidente senior de Pharmaceutical Research and Manufacturers of America (PhRMA), un grupo aglutinante que representa a los fabricantes de medicamentos del país, señala que las compañías farmacéuticas que están produciendo terapias biológicas precisan, por lo menos, 14 años de protección de datos y protecciones más robustas para las patentes —incentivos que promueven la creación de terapias decisivas para la vida humana—.

Waxman rechaza el argumento. “Los medicamentos que salvan vidas son inútiles si nadie puede pagar por ellos”, dijo en junio de 2009 el congresista durante una audiencia sobre el asunto.

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